En el pasado, la cultura de élite influía en la cultura
popular por su prestigio y su ejemplo; en los
años de postguerra pareció ocurrir lo contrario
en Estados Unidos. Novelistas serios como
Thomas Pynchon, Joyce Carol Oates, Kurt
Vonnegut Jr., Alice Walker y E.L. Doctorow comentaron
y tomaron en préstamo materiales de las
historietas cómicas, el cine, la moda, las canciones
y la historia oral.
Esta afirmación no pretende trivializar esa literatura:
los escritores de este país se planteaban
problemas serios, muchos de ellos de índole
metafísica; se volvieron muy innovadores y conscientes
de sí mismos o reflexivos. A menudo los
modos tradicionales les parecieron ineficaces y
buscaron vitalidad en materiales más ampliamente
populares. En otras palabras, en los decenios
de postguerra, los escritores estadounidenses
desarrollaron una sensibilidad postmoderna. Las
reestructuraciones modernistas de puntos de
vista ya no les bastaban; para ellos, el contexto de
la visión debía crearse de nuevo.
EL LEGADO DEL REALISMO Y EL FINAL DE LA DÉCADA DE 1940
Tal como ocurrió en la primera mitad del
siglo XX, en la segunda la ficción reflejó el
carácter de cada decenio. Los últimos años
de la década de 1940 presenciaron la
secuela de la Segunda Guerra Mundial y el inicio
de la Guerra Fría.
La Segunda Guerra Mundial generó materia
prima; Norman Mailer (The Naked and the Dead
[Los desnudos y los muertos], 1948) y James
Jones (From Here to Eternity [De aquí a la eternidad],
1951) fueron dos de los escritores que
mejor la utilizaron. Ambos emplearon un realismo
rayano en un naturalismo desolador; ambos se
esforzaron por no idealizar la guerra. Los mismo
hizo Irwin Shaw en The Young Lions (Los leones
jóvenes, 1948). En The Caine Mutiny (El motín del
Caine, 1951) Herman Wouk mostró también que
las flaquezas humanas fueron tan evidentes en el
frente como en la vida civil.
Más tarde, Joseph Heller presentó la Segunda
Guerra Mundial en términos de sátira y absurdo
(Catch-22, 1961), y planteó la idea de que la guerra
está vinculada con la locura. Thomas Pynchon
expuso una visión intrincada y brillante que parodia
y disloca distintas versiones de la realidad
(Gravity’s Rainbow, [El arco iris de la gravedad],
1973). Kurt Vonnegut, Jr. se convirtió en una de
las luminarias de la contracultura a principios de
los años 70, a raíz de la publicación de Slaughterhouse-
Five: or, The Children’s Crusade (El matadero
cinco o la cruzada de los niños, 1969), su
novela antibélica sobre el bombardeo de Dresde,
Alemania por las fuerzas aliadas en la Segunda
Guerra Mundial (un hecho que él atestiguó en tierra
firme como prisionero de guerra).
En los años 40 floreció un nuevo grupo de escritores,
entre ellos el poeta, novelista y ensayista
Robert Penn Warren, los dramaturgos Arthur
Miller, Lillian Hellman y Tennessee Williams, y las
autoras de cuentos cortos Katherine Anne Porter
y Eudora Welty. Todos ellos, salvo Miller, eran del
sur del país. Todos exploraron el destino del individuo
dentro de la familia o la comunidad, y centraron
su atención en el equilibrio entre el crecimiento
personal y la responsabilidad con el
grupo.
Arthur Miller (1915-2005)
Nacido en Nueva York, el dramaturgo,
novelista, ensayista
y biógrafo Arthur Miller llegó
a la cima de su carrera en 1949 con
Death of a Salesman (La muerte de
un viajante), un estudio sobre un
hombre que busca algo meritorio y
valioso en su propia vida y comprende
que el fracaso lo aguarda inexorablemente.
Centrada en la familia
del personaje del título, Willie
Loman, la obra gira en torno a las
desiguales relaciones entre el
padre y los hijos, el esposo y la
esposa. Es un espejo de las actitudes
literarias de los años 40 con su
rica combinación de realismo con
tintes de naturalismo, personajes
cuidadosamente trazados y bien
logrados, y la insistencia en el valor
del individuo a pesar de fracasos y
yerros. Death of a Salesman es una
conmovedora apología del hombre
ordinario a quien “es preciso prestar
atención”, como lo reconoce la
viuda de Willy Loman. Intenso y
sombrío, el relato es también una
historia de sueños. Como dice irónicamente
uno de los personajes:
“el vendedor tiene que soñar,
muchacho. Eso viene junto con su
territorio”.
Death of a Salesman, marcó un
hito, pero no es más que uno de los
muchos dramas que escribió Miller
en el curso de varias décadas, entre
ellos All My Sons (Todos son mis
hijos, 1947) y The Crucible (El crisol,
1953). Los dos últimos son de carácter
político, uno transcurre en nuestros
tiempos y el otro en la época
colonial. El primero trata de un
industrial que, a sabiendas, permite
que se envíen piezas defectuosas a
líneas aéreas durante la Segunda
Guerra Mundial, lo cual provoca la
muerte de varios aviadores estadounidenses.
The Crucible describe los
juicios de las brujas de Salem
(Massachusetts) en el siglo XVII, a
raíz de los cuales varios colonos
puritanos fueron ejecutados injustamente
bajo supuestos cargos de
brujería. Sin embargo, el mensaje de
que la “cacería de brujas” contra
gente inocente es anatema en una
democracia fue muy pertinente en la
época en que la obra fue puesta en
escena, a principios de los años 50,
cuando la cruzada anticomunista
encabezada por el senador de la
república Joseph McCarthy y otros
arruinó la vida de personas inocentes.
En parte como reacción a the
Crucible (El crisol), Miller fue llamado
a comparecer ante el Comité
sobre Actividades Antinorteamericanas
de la Cámara (de Representantes)
en 1956 y se le exigió que diera
los nombres de sus conocidos que
pudieran sentir simpatía por el
comunismo. Cuando se negó a hacerlo,
Miller fue acusado de desacato
al Congreso, cargo que fue revocado
gracias a una apelación.
Una obra posterior de Miller, Incident at Vichy (Incidente en
Vichy, 1964) abordó el tema del
Holocausto, la destrucción de gran
parte de los judíos de Europa a
manos de los nazis y sus colaboradores.
En The Price (El precio,
1968), dos hermanos luchan por
liberarse de las ataduras del pasado.
Otros dramas de Miller son dos
obras en un acto, Fame (Fama,
1970) y The Reason Why (La explicación,
1970). Sus ensayos fueron
compilados en Echoes Down the
Corridor (Ecos en el corredor,
2000); su autobiografía, Timebends:
A Life (Vericuetos del tiempo: Una
vida) fue publicada en 1987.
Lillian Hellman (1906-1984)
Como en el caso de Robert Penn
Warren, la visión moral de Lillian
Hellman se forjó en el sur del país.
Pasó gran parte de su infancia en
Nueva Orleans. Sus convincentes
obras teatrales exploran los
muchos disfraces y abusos del
poder. En The Children’s Hour (La
calumnia, 1934), una niña manipuladora
destruye la vida de dos maestras
esparciendo el rumor de que
son lesbianas. En The Little Foxes,
(Los pequeños zorros, 1939), una
familia rica del Sur lucha ferozmente
por una herencia. La obra antifascista
Watch on the Rhine (Una mirada
al Rin, 1941) de Hellman fue fruto
de sus viajes a Europa en los años
30. Sus memorias incluyen An
Unfinished Woman (Una mujer inacabada,
1969) y Pentimento (1973).
Durante muchos años, Hellman
sostuvo una estrecha relación personal
con el notable guionista
Dashiell Hammett, cuyo astuto
detective Sam Spade fue un personaje
que fascinó a los estadounidenses
en la época de la Depresión.
Hammett inventó la novela de
detectives que es la quintaesencia
de lo estadounidense (The Maltese
Falcon [El halcón maltés, 1930]; The
Thin Man [El hombre delgado,
1934]).
Igual que Arthur Miller, Hellman
se negó a “citar nombres” ante el
Comité sobre Actividades Antinorteamericanas
de la Cámara y tanto
ella como Hammett estuvieron
durante algún tiempo en la lista
negra (para que la industria del
entretenimiento les cerrara las
puertas en todo el país). Todos esos
acontecimientos son relatados en
las memorias de Hellman, Scoundrel
Time (Tiempo de canallas, 1976).
Katherine Anne Porter (1890-1980)
La vida y la carrera de Katherine
Anne Porter fueron largas y abarcaron
varias épocas. Su primer éxito,
el cuento corto “Flowering Judas”
(“El árbol de Judas”, 1929) se desarrolla
en México durante la revolución.
Los cuentos cortos de bella
factura que le dieron fama revelan
con sutileza la vida de los personajes.
“The Jilting of Granny
Weatherall” (Los coqueteos de la
abuela Weatherall”), por ejemplo,
transmite con precisión emociones
intensas. Expone a menudo la experiencia
interna de las mujeres y su
dependencia de los hombres.
En sus matices, Porter está en
deuda con los relatos de la cuentista
Katherine Mansfield, nacida en
Nueva Zelanda. Algunas colecciones
de cuentos de Porter son: Flowering
Judas (1930), Noon Wine (El vino de
medio día, 1937), Pale Horse, Pale
Rider (Pálido caballo, pálido jinete,
1939), The Leaning Tower (La torre
inclinada, 1944) y Collected Stories
(Colección de cuentos, 1965). A
principios de los años 60 escribió
una larga novela alegórica sobre un
tema intemporal: la responsabilidad
mutua y recíproca de los seres
humanos. Titulada Ship of Fools (La
nave de los locos, 1962), se desarrolla
a fines de los años 30 a bordo de
un barco de pasajeros donde viajan
alemanes, tanto de clase alta como
refugiados, que huyen de la nación
nazi.
A pesar de que no fue una escritora
prolífica, Porter influyó
en varias generaciones de
autores, entre ellos sus colegas
sureñas Eudora Welty y Flannery
O’Connor.
Eudora Welty (1909-2001)
Nacida en Mississippi, en una
próspera familia llegada del Norte,
Eudora Welty tuvo como guías a
Robert Penn Warren y Katherine
Anne Porter. De hecho, esta última
escribió la introducción a la primera
colección de cuentos cortos de
Welty, A Curtain of Green (Una cortina
de verdor, 1941). La autora
tomó a Porter como modelo para su
obra, llena de matices, pero la más
joven mostró mayor interés por lo
cómico y lo grotesco. Igual que su
colega sureña Flannery O’Connor,
Welty presenta a menudo personajes
subnormales, excéntricos o
excepcionales.
A pesar de la violencia que campea
en su obra, el ingenio de Welty
era esencialmente humano y afirmativo,
como en su cuento “Why I
Live at the P.O.” (“Por qué vivo en la
oficina de correos”, 1941), incluido
en muchas antologías, en el que una
hija obstinada e independiente deja
la casa paterna y decide vivir en una
minúscula oficina de correos.
Algunos de sus libros de cuentos
son The Wide Net (La amplia red,
1943), The Golden Apples (Las manzanas
de oro, 1949), The Bride of the
Innisfallen (La novia del Innisfallen,
1955) y Moon Lake (El lago de la
luna, 1980). Welty también escribió
novelas como Delta Wedding (La
boda del Delta, 1946), donde presenta
una familia de hacendados
en la era moderna, y The Optimist’s
Daughter (La hija del optimista,
1972).
LA DÉCADA DE 1950
En los años 50 se percibió el impacto
tardío de la modernización y la
tecnología en la vida diaria. La
Segunda Guerra Mundial no sólo
derrotó al fascismo sino sacó a
Estados Unidos de la Gran Depresión, y
en los años 50 la mayor parte
de la población tuvo tiempo para
disfrutar de la prosperidad material
tan esperada. Los negocios, sobre
todo en el mundo corporativo, parecían
ofrecer la buena vida (por lo
general en los suburbios), con sus
índices reales y simbólicos de éxito:
casa, automóvil, televisor y aparatos
domésticos.
Sin embargo, la soledad del éxito
fue un tema predominante entre
muchos escritores; el hombre sin
rostro de las corporaciones llegó a
ser un estereotipo cultural en la
muy vendida novela de Sloan Wilson
The Man in the Gray Flannel Suit (El
hombre del traje gris, 1955). La alienación
estadounidense generalizada
fue sometida a escrutinio por el
sociólogo David Riesman en The
Lonely Crowd (La muchedumbre
solitaria, 1950).
Siguieron sus pasos otros estudios
populares más o menos científicos,
desde The Hidden Persuaders
(Los persuasivos ocultos, 1957) y
The Status Seekers (Los buscadores
de estatus, 1959) de Vance Packard,
hasta The Organization Man (El
hombre de la organización, 1956) de
William Whyte y los planteamientos
más intelectuales de C. Wright Mills
en White Collar (Gente de cuello
blanco, 1951) y The Power Elite (La
élite del poder, 1956). El economista
y académico John Kenneth
Galbraith aportó The Affluent
Society (La sociedad opulenta,
1958).
La mayor parte de estas obras
confirmó la suposición imperante
en los años 50 de que
todos los estadounidenses compartían
el mismo estilo de vida. En esos
estudios se hablaba en términos
generales y se criticaba a la ciudadanía
por haber perdido el individualismo
de la época fronteriza y haberse
vuelto demasiado conformista
(por ejemplo, Riesman y Mills), o se
recomendaba a la gente que se
incorporara a la “Nueva Clase” que
la tecnología y el tiempo libre habían
creado (como se aprecia en las
obras de Galbraith).
Los años 50 fueron en realidad
una década de inquietudes sutiles y
pertinaces. Las novelas de John
O’Hara, John Cheever y John Updike
exploran la tensión que acecha a la
sombra de una aparente satisfacción.
Algunas de las mejores obras
muestran a hombres que fracasan
en la lucha en pos del éxito, como
Death of a Salesman de Arthur
Miller y la novela corta Seize the Day
(Atrapa el día) de Saul Bellow.
La afro-estadounidense Lorraine
Hansberry (1930-1965) denunció al
racismo como una corriente subterránea
que persistía, en su conmovedora
obra teatral A Raisin in the
Sun (Una pasa en el sol), en la que
una familia negra se encuentra con
un amenazador “comité de bienvenida”
cuando intenta mudarse a un
barrio blanco.
Algunos escritores fueron aún
más lejos en su rastreo de personajes
marginados de la sociedad; tal
fue el caso de J.D. Salinger en The
Catcher in the Rye (El atrapador en
el centeno), Ralph Ellison en
Invisible Man (El hombre invisible)
y Jack Kerouac en On the Road (En
el camino). Y, en los días postreros
de esa década surgió Philip Roth con
una serie de cuentos cortos donde
refleja su propio alejamiento de la
tradición judía (Goodbye, Columbus
[Adiós, Colón]). Sus cavilaciones
psicológicas aportaron material
para la ficción, y más tarde para la
autobiografía, incluso en el nuevo
milenio.
La ficción de los escritores judíos
estadounidenses como Bellow,
Bernard Malamud e Isaac Bashevis
Singer —entre otros que se encumbraron en
los años 50 y los siguientes—
hizo también aportaciones
valiosas y convincentes al compendio
de la literatura de Estados
Unidos. La producción de estos tres
autores es más conocida por su
humorismo, su preocupación ética y
sus retratos de comunidades judías
del Viejo y el Nuevo Mundo.
James Baldwin (1924-1987)
James Baldwin y Ralph Ellison
reflejan la experiencia afro-estadounidense
de los años 50. Sus personajes
sufren por su falta de identidad,
no por su ambición excesiva.
Baldwin, el mayor de los nueve
hijos de una familia de Harlem,
Nueva York, fue hijo adoptivo de un
ministro religioso. De joven, Baldwin
predicaba a veces en el templo.
Esa experiencia le ayudó a crear la
calidad oratoria y convincente de su
prosa, como se aprecia sobre todo
en sus excelentes ensayos como
“Letter from a Region of My Mind”
(“Carta desde una región de mi
mente”), incluido en la colección
The Fire Next Time (La próxima vez
será el fuego, 1963). En éste, hace
una conmovedora exhortación a
acabar con las barreras entre las
razas.
a primera novela de Baldwin, la
autobiográfica Go Tell It on
the Mountain (Ve a decirlo a
la montaña, 1953), es quizá su obra
más conocida. Es la historia de un
muchacho de 14 años que quiere
conocerse a sí mismo y tener fe religiosa,
mientras lucha con los problemas
de la conversión cristiana en
un templo muy modesto. Otras
obras importantes de Baldwin son
Another Country (Otro país, 1962) y
Nobody Knows My Name (Nadie
sabe mi nombre, 1961), una colección
de apasionantes ensayos de
orden personal en torno al racismo,
la función del artista y la literatura.
Ralph Ellison (1914-1994)
Ralph Ellison era del Medio
Oeste, nació en Oklahoma y estudió
en el Instituto Tuskegee en el sur de
Estados Unidos. La suya fue una de
las carreras más extrañas en las
letras de este país, pues publicó un
libro enormemente aclamado… y
muy poco más.
Su obra es la novela Invisible Man
(El hombre invisible, 1952), la historia
de un negro que vive una existencia
subterránea en un antro brillantemente
iluminado con electricidad
que roba a una compañía de
servicio público. El libro narra sus
experiencias grotescas y desencantadas.
Cuando gana una beca para
estudiar en una universidad de
negros es humillado por los blancos;
al llegar a la escuela se percata
de que el rector desprecia las
inquietudes de los negros del país.
La vida afuera de la escuela también
es corrupta. Ni siquiera la religión
es un consuelo, pues un predicador,
por ejemplo, resulta ser un criminal.
La novela acusa a la sociedad
de no ofrecer a sus ciudadanos
—negros y blancos— ideales factibles e
instituciones adecuadas para
alcanzarlos. La obra encarna un
tema racial poderoso, ya que el
“hombre invisible” no es así por sí
mismo sino porque otros, cegados
por el prejuicio, no lo pueden ver tal
cual es.
Juneteenth (El 19 de junio, 1999),
la expansiva novela inconclusa de
Ellison editada en forma póstuma,
revela la constante preocupación
del autor por la raza y la identidad.
Flannery O'Connor (1925-1964)
Flannery O’Connor, nacida en
Georgia, vivió una existencia truncada
por el lupus, una enfermedad de
la sangre. No obstante, se negó a
caer en el sentimentalismo, como lo
evidencian sus cuentos humorísticos
en extremo, pero crudos y sin
concesiones.
A diferencia de Katherine Anne
Porter, Eudora Welty y Zora Neale
Hurston, O’Connor está casi siempre
distanciada de sus personajes y
revela la inadaptación y la torpeza
de éstos. Los personajes sureños
ignorantes que pueblan sus obras
incurren a menudo en la violencia
en aras de la superstición o la religión,
como en su novela Wise Blood
(La sangre sabia, 1952), acerca de
un fanático religioso que funda su
propia iglesia.
A veces la violencia nace del
prejuicio, como en “The
Displaced Person” (“La persona
desplazada”, 1955), donde un
inmigrante es asesinado por aldeanos
ignorantes que se sienten amenazados
al ver su dedicación al trabajo
y su extraño modo de ser. En
muchos casos, los personajes simplemente
son víctimas de actos
crueles, como en “Good Country
People” (“La buena gente pueblerina”,
1955), la historia de una muchacha
seducida por un hombre que al
final le roba su pierna postiza.
El humor negro de O’Connor la
vincula con Nathanael West y Joseph
Heller. Su obra incluye colecciones
de cuentos cortos como A Good
Man Is Hard to Find (Es difícil
encontrar un hombre bueno, 1955) y
Everything That Rises Must Converge
(Todo lo que asciende tiene que
convergir, 1965); la novela The
Violent Bear Is Away (El violento se
lo ganó, 1960); y un volumen de tipo
epistolar, The Habit of Being (El
hábito de ser, 1979). Sus Complete
Stories (Cuentos completos) fueron
publicados en 1971.
Saul Bellow (1915-2005)
Nacido en Canadá y educado en
Chicago, Saul Bellow era descendiente
de judíos rusos. Estudió
antropología y sociología en la universidad,
lo cual influyó mucho en
sus escritos. Una vez expresó su
profunda deuda con Theodore
Dreiser, de quien aprendió a abrirse
a una amplia gama de experiencias y
crear un compromiso emocional
con ellas. Siendo un autor muy respetado,
Bellow recibió el Premio
Nobel de Literatura en 1976.
Entre las primeras novelas de
Bellow, algo sombrías y existencialistas,
se cuentan Dangling Man (El
hombre en suspenso, 1944), un
estudio kafkiano acerca de un hombre
que espera ser reclutado en el
ejército, y The Victim (La víctima,
1947), sobre las relaciones entre
judíos y gentiles. En la década de
1950 su visión adoptó un tono más
cómico: usó una serie de narradores
en primera persona, dinámicos y
aventureros, en The Adventures of
Augie March (Las aventuras de
Augie March, 1953) —estudio de un
urbano emprendedor al estilo de
Huck Finn, que se convierte en traficante del
mercado negro en
Europa— y en Henderson the Rain
King (Henderson, el rey de la lluvia,
1959), brillante y exuberante novela
jocosa y seria sobre un millonario
de mediana edad cuya ambición
insatisfecha lo lleva al África.
Algunas de las últimas obras de
Bellow fueron: Herzog (1964), que
narra la atribulada vida de un neurótico
profesor de literatura que se
especializa en la idea del yo romántico;
Mr. Sammler’s Planet (El planeta
del Sr. Sammler, 1970);
Humboldt’s Gift (El regalo de
Humboldt, 1975); y la autobiográfica
The Dean’s December (El diciembre
del decano, 1982).
A fines de la década de 1980,
Bellow escribió dos novelas cortas
donde presenta protagonistas de
avanzada edad en busca de verdades
fundamentales, Something To
Remember Me By (Algo para recordarme,
1991) y The Actual (Lo verdadero,
1997). Su novela Ravelstein
(2000) es un relato velado de la vida
de uno de sus amigos, Alan Bloom,
el autor de los libros de éxito The
Closing of the American Mind (El
cierre de la mentalidad estadounidense,
1987), un ataque conservador
contra el mundo académico por
lo que él percibía como una degradación
de las normas de excelencia
en la vida cultural del país.
Seize the Day (Atrapa el día, 1956)
es una brillante novela corta de
Bellow que se centra en la vida de
un hombre de negocios fracasado,
Tommy Wilhelm, quien se angustia
tanto por su sentimiento de inadaptación,
que se convierte en un completo
inadaptado: fracasa con las
mujeres, en el trabajo, con las
máquinas y en el mercado de materias
primas, donde pierde todo su
dinero. Wilhelm es un ejemplo del
schlemiel del folclor judío, es decir,
alguien a quien le ocurren inevitablemente
cosas infortunadas.
Bernard Malamud (1914-1986)
Bernard Malamud nació en la ciudad
de Nueva York, de padres inmigrantes
judíos rusos. En su segunda
novela, The Assistant (El ayudante,
1957), Malamud descubrió sus
temas característicos: la lucha del
hombre por sobrevivir a pesar de
todo, y los soportes éticos de los
inmigrantes judíos recientes.
El primer trabajo publicado de
Malamud fue The Natural (El
natural, 1952), una combinación
de realismo y fantasía que se
desenvuelve en el mítico mundo del
béisbol profesional. Otras de sus
novelas son A New Life (Una nueva
vida, 1961), The Fixer (El ajustador,
1966), Pictures of Fidelman (Los
cuadros de Fidelman, 1969) y The
Tenants (Los inquilinos, 1971).
Malamud fue también un maestro
prolífico de las formas de ficción
breves. Por medio de sus cuentos,
reunidos en libros como The Magic
Barrel (El barril mágico, 1958),
Idiots First (Los idiotas primero,
1963) y Rembrandt’s Hat (El sombrero
de Rembrandt, 1973), transmite
—mejor que cualquier otro escritor
nacido en Estados Unidos—
el sentido del presente y el pasado
judíos, lo real y lo surrealista, los
hechos y la leyenda.
The Fixer es la obra monumental
de Malamud, por la cual obtuvo el
Premio Pulitzer y el Premio Nacional
del Libro. Ubicada en Rusia, más o
menos al inicio del siglo XX, es la
visión apenas velada de un proceso
judicial, auténtico y sangriento, por
difamación: el infamante juicio de
Mendel Beiliss en 1913, un terrible
baldón de antisemitismo en la historia
moderna. Igual que en muchos
otros de sus textos, Malamud pone
de relieve el sufrimiento de su héroe,
Yakov Bok, y su lucha por prevalecer
sobre todas las adversidades.
Isaac Bashevis Singer (1904-1991)
Novelista, maestro del cuento
corto y ganador del Premio Nobel,
Isaac Bashevis Singer era hijo del
prominente jefe de un tribunal rabínico
en Varsovia. Nació en Polonia y
emigró a Estados Unidos en 1935.
Toda su vida escribió en yiddish;
habló en términos míticos y realistas
de dos grupos específicos de
judíos: los habitantes de los shtetls
(pequeñas aldeas) del Viejo Mundo
y los emigrados llegados por mar en
el siglo XX, en los periodos anterior
y posterior a la Segunda Guerra
Mundial.
Los escritos de Singer fueron
como el prólogo y el epílogo del
Holocausto. Por una parte, describió
el mundo de los judíos europeos
que ya no existe, en novelas como
The Manor (La casa solariega, 1967)
y The Estate (La propiedad, 1969),
que se desarrollan en la Rusia del
siglo XIX, y The Family Moskat (El
Moskat de la familia, 1950), que trata
de una familia judía polaca entre las
dos guerras mundiales. El complemento
de esas obras son sus escritos
sobre lo ocurrido después de la
guerra, como Enemies, A Love Story
(Enemigos, una historia de amor,
1972), cuyos protagonistas son
sobrevivientes del Holocausto que
tratan de crearse una nueva vida.
Vladimir Nabokov (1889-1977)
Igual que Singer, Vladimir
Nabokov era un inmigrante del
este de Europa. Nacido en una
acaudalada familia de la Rusia zarista,
llegó a Estados Unidos en 1940 y
adquirió la ciudadanía cinco años
más tarde. De 1948 a 1959 impartió la
cátedra de literatura en la
Universidad Cornell, en el norte del
estado de Nueva York; en 1960 estableció
su residencia definitiva en
Suiza.
Nabokov es más conocido por sus
novelas, entre las cuales figuran la
obra autobiográfica Pnin (1957),
que trata de un torpe profesor emigrado
ruso, y Lolita (edición estadounidense,
1958), donde un europeo
culto de edad madura se enamora
locamente de una muchachita
estadounidense de 12 años. Pale
Fire (Fuego pálido, 1962), una novela
paródica de Nabokov que fue otro
éxito, gira en torno de un largo
poema de un poeta ficticio ya muerto
y los comentarios de un crítico
cuyos escritos agobian al poema y
cobran vida propia en forma inesperada.
Nabokov es un escritor importante
por la sutileza de su estilo, su
hábil manejo de la sátira y sus ingeniosas
innovaciones formales que
han inspirado a novelistas como
John Barth. Nabokov se percató de
su función de mediador entre los
mundos literarios ruso y estadounidense;
escribió un libro sobre
Gogol y tradujo Eugene Onegin de
Pushkin. Sus temas audaces y un
tanto expresionistas ayudaron a llevar
las corrientes del expresionismo
europeo del siglo XX a la tradición
de ficción de este país, que en
esencia era realista. El tono de
Nabokov, en parte satírico y en
parte nostálgico, sugirió también un
nuevo registro emocional, entre
serio y cómico, que han adoptado
escritores como Thomas Pynchon,
quien combina los acentos antagónicos
del ingenio y el miedo.
John Cheever (1912-1982)
Se ha dicho muchas veces que
John Cheever es un “novelista de
las costumbres”. Es reconocido
también por sus elegantes y sugerentes
cuentos cortos en los que
escudriña el mundo de los negocios
de Nueva York a través de los efectos
que produce en los negociantes
y sus esposas, hijos y amigos.
Una tortuosa melancolía y el
deseo de pasión o de certidumbre
metafísica nunca del todo reprimido,
pero evidentemente vano, acechan
en las sombras de los bien trazados
relatos chejovianos de
Cheever reunidos en The Way Some
People Live (Cómo viven algunas
personas, 1943), The Housebreaker
of Shady Hill (El allanador de moradas
de Shady Hill, 1958), Some
People, Places and Things That Will
Not Appear in My Next Novel
(Algunas personas, lugares y cosas
que no aparecerán en mi próxima
novela, 1961), The Brigadier and the
Golf Widow (El brigadier y la viuda
del golf, 1964) y The World of Apples
(El mundo de las manzanas, 1973).
Sus títulos reflejan su característica
actitud indiferente, traviesa e irreverente
e insinúan su temática.
Cheever publicó también varias
novelas: The Wapshot Scandal (El
escándalo de Wapshot, 1964), Bullet
Park (1969) y Falconer (1977), la
última de las cuales es en gran
parte autobiográfica.
John Updike (1932- )
Como Cheever, John Updike ha
sido considerado como un autor
costumbrista en virtud de sus escenarios
suburbanos, sus temas
domésticos, sus reflexiones sobre
el hastío y el ingenio y, en particular,
porque sus relatos se desarrollan
en sitios ficticios de la costa oriental
de Estados Unidos, Massachusetts
y Pennsylvania.
Updike es más conocido por sus
cinco libros sobre Conejo, donde
narra la vida de un hombre —Harry
“Conejo” Angstrom— a través del
flujo y reflujo de su vida en cuatro
décadas de historia social y política
estadounidense. Rabbit, Run (Corre
Conejo, 1960) es un espejo de los
años 50, cuando Angstrom es un
esposo joven, indiferente y a la deriva.
Rabbit Redux (Conejo resurge,
1971) pone de relieve la contracultura
de los años 60 y presenta a
Angstrom aún sin meta o propósito
claro y sin una salida factible para
huir de lo trivial. En Rabbit is Rich
(Conejo es rico, 1981), Harry se ha
convertido en un empresario próspero
en la década de 1970, cuando la
época de Vietnam se desvanece. El
volumen final, Rabbit at Rest
(Conejo descansa, 1990), vislumbra
la reconciliación de Angstrom con la
vida antes de morir de un ataque
cardíaco, con los años 80 como telón
de fondo. En la novela corta Rabbit
Remembered (Conejo recordado)
de 1995, los hijos adultos del personaje
rememoran a su padre.
Otras novelas de Updike son The
Centaur (El centauro, 1963), Couples
(Parejas, 1968) A Month of Sundays
(Un mes de domingos, 1975),
Roger’s Version (La versión de
Roger, 1986) y S. (1988). Updike crea
un alter ego –un escritor cuya fama,
de modo irónico, amenaza con acallarlo–
en otra serie de novelas:
Bech: A Book (Bech: Un libro, 1970),
Bech Is Back (El regreso de Bech,
1982) y Bech at Bay (Bech acorralado,
1998).
De todos los escritores de
hoy, Updike posee el estilo
más brillante y sus cuentos
cortos son ejemplos fulgurantes de
su alcance y su inventiva. Algunas de
sus colecciones son: The Same Door
(La misma puerta, 1959), The Music
School (La escuela de música, 1966),
Museums and Women (Museos y
mujeres, 1972), Too Far To Go (Hay
que ir demasiado lejos, 1979) y
Problems (Problemas, 1979). Ha
escrito también varios tomos de
poesía y ensayos.
J.D. Salinger (1919- )
Heraldo de lo que llegaría en la
década de 1960, J.D. Salinger retrató
personajes que intentan alejarse de
la sociedad. Nacido en la ciudad de
Nueva York, tuvo un enorme éxito
literario con la publicación de su
novela The Catcher in the Rye, (El
atrapador en el centeno, 1951), donde
presenta a un sensible muchacho
de 16 años, Holden Caulfield, que
huye de un internado de la élite y va
al mundo exterior de los adultos tan
sólo para desilusionarse al ver el
materialismo y la falsedad que allí
campean.
Cuando le preguntan qué le gustaría
ser, Caulfield responde que
“atrapador en el centeno”, haciendo
una cita inexacta de un poema de
Robert Burns. Desde su punto de
vista, él es una versión moderna de
un blanco caballero andante, el
único guardián de la inocencia.
Imagina un gran campo de centeno
con plantas tan altas que un grupo de
niños pequeños que juegan en él no
pueden ver hacia dónde se dirigen al
correr en sus juegos. Él es la única
persona grande allí. “Estoy de pie al
borde de un peligroso precipicio. Mi
tarea consiste en atrapar a todos los
que estén a punto de caer al abismo”.
La caída al precipicio simboliza
la pérdida de la inocencia infantil,
un tema persistente en esa época.
Otras obras de este escritor
parco y retraído son Nine Stories
(Nueve cuentos, 1953), Franny and
Zooey (Franny y Zooey, 1961) y Raise
High the Roof Beam, Carpenters
(Coloquen alto el montante del
techo, carpinteros, 1963), una colección
de relatos tomados de la revista
The New Yorker. Desde la publicación
de uno de sus cuentos en 1965,
Salinger —quien vive en Nueva
Hampshire— se ha ausentado de
los círculos literarios de Estados
Unidos.
LOS TURBULENTOS PERO CREATIVOS AÑOS 60
La alienación y las tensiones que
subyacían en los años 50 hallaron su
expresión más directa en la década
de 1960 en Estados Unidos, con el
Movimiento de los Derechos Civiles,
el feminismo, las protestas contra
la guerra, el activismo de las
minorías y el advenimiento de una
contracultura cuyos efectos todavía
se palpan en toda la sociedad del
país. Entre las obras políticas y
sociales más notables de esa época
destacan los discursos del líder de
los derechos civiles, el Dr. Martin
Luther King, Jr., los primeros escritos
de la líder feminista Betty
Friedan (The Femenine Mystique
[La mística femenina], 1963) y The Armies of the
Night (Los ejércitos de la noche, 1968) de
Norman Mailer acerca de una marcha por la paz
en 1967.
La década de 1960 se caracterizó por el desvanecimiento
de los límites entre la ficción y los
hechos, la novela y el reportaje, lo cual persiste
hasta el día de hoy. El novelista Truman Capote
—que deslumbró a los lectores como enfant
terrible a fines de los años 40 y 50 con obras como
Breakfast at Tiffany’s (Desayuno en Tiffany’s,
1958)— asombró al público con In Cold Blood (A
sangre fría, 1965), el tajante análisis de un brutal
asesinato en masa en la zona central de Estados
Unidos, cuya lectura es como una ficción detectivesca.
Al mismo tiempo nació el Nuevo Periodismo:
volúmenes de textos que aunque no eran de ficción,
combinaban el periodismo con las técnicas
de la ficción o jugaban a menudo con hechos reales,
dándoles forma distinta para acentuar el
aspecto dramático e inmediato de la narración. En
The Electric Kool-Aid Acid Test (La prueba eléctrica
del ácido con Kool-Aid, 1968), Tom Wolfe
(1931- ) celebró las travesuras del novelista Ken
Kesey (1935-2001) y en Radical Chic and Mau-
Mauing the Flak Catchers (El chic radical y cómo
“maumauar” a los detectores antiaéreos, 1970)
ridiculiza muchos aspectos del activismo de las
izquierdas. Más tarde, Wolfe escribió una exuberante
y aguda historia de la fase inicial del programa
espacial de Estados Unidos, The Right Stuff
(El material apropiado, 1979) y una novela, The
Bonfire of the Vanities (La hoguera de las vanidades,
1987), una vista panorámica de la sociedad
del país en los años 80.
A medida que avanzó la década de 1960, la literatura
fluyó con la turbulencia propia de la época.
También apareció en escena una visión irónica y
cómica que se reflejó en el uso de la fábula por
varios escritores. Ejemplos de esto son la comicidad
sombría de Ken Kesey en One Flew Over the
Cuckoo’s Nest (Alguien voló sobre el nido del
cuco, 1962), una novela sobre la vida en un
hospital psiquiátrico donde los guardias están
más perturbados que los internos, y el caprichoso
y fantástico Trout Fishing in America (La pesca
de truchas en Estados Unidos, 1967) de Richard
Brautigan (1935-1984).
Lo cómico y lo fantástico produjeron una nueva
modalidad, mitad cómica y mitad metafísica, en
las paranoides y brillantes V y The Crying of Lot 49
(La subasta del lote 49) de Thomas Pynchon, en
Giles Goat-Boy (El cabrero Giles) de John Barth y
en los grotescos cuentos cortos de Donald
Barthelme (1931-1989) cuya primera colección,
Come Back, Dr. Caligari (Regrese, Dr. Caligari),
fue publicada en 1964.
Esta nueva modalidad recibió el nombre de
metaficción, es decir una novelística afectada o
reflexiva que atrae la atención por su propia técnica.
Esa “ficción sobre la ficción” hace énfasis
en el lenguaje y el estilo, y se aparta de las convenciones
del realismo, es decir, de los personajes
bien definidos, una trama creíble que permita
el desarrollo del personaje, y ambientes apropiados.
En la metaficción, el estilo del escritor es lo
que atrae la atención del lector. El verdadero
tema no son los personajes sino la consciencia
que el escritor tiene de sí mismo.
Los críticos de la época solían agrupar a
Pynchon, Barth y Barthelme como cultivadores de
la metaficción, junto con William Gaddis (1922-
1998), cuya extensa novela JR (1975) acerca de un
muchacho que erige un imperio empresarial fraudulento
a base de bonos basura es un inquietante
pronóstico de los excesos en los que Wall Street
habría de incurrir. En Carpenter’s Gothic (El gótico
de Carpenter, 1985) combina lo romántico con
lo amenazante. A Gaddis se lo relaciona a menudo
con el filósofo y novelista del Medio Oeste
William Gass (1924- ), quien es más conocido por
su reflexiva novela temprana Omensetter’s Luck
(La suerte de Omensetter, 1966) y por sus cuentos
compilados en In the Heart of the Heart of the
Country (En el corazón del corazón del país,
1968).
Robert Coover (1932- ) es otro autor de metaficción.
Su colección de relatos Pricksongs &
Descants (Contrapuntos y discantos, 1969) juega
con argumentos familiares tomados de cuentos
folclóricos y de la cultura popular, mientras que
su novela The Public Burning (La quema pública,
1977) presenta en forma deconstructiva la ejecución
de Julius y Ethel Rosenberg, quienes fueron
condenados bajo cargos de espionaje.
Thomas Pynchon (1937- )
Thomas Pynchon, un autor misterioso que
rehúye la publicidad, nació en Nueva York y obtuvo
su título por la Universidad Cornell en 1958,
donde tal vez recibió la influencia de
Vladimir Nabokov. Es obvio que en
sus innovadoras fantasías usa temas
sobre pistas de traducción, juegos y
claves que podrían provenir de ese
autor. El tono flexible de Pynchon es
capaz de modular la paranoia y convertirla
en poesía.
Toda la obra de ficción de
Pynchon tiene una estructura
similar. Una intrincada intriga
es desconocida para uno de los personajes
principales, por lo menos,
cuya tarea consiste entonces en
poner en orden el caos y descifrar el
mundo. Esta labor, que no es sino el
quehacer del artista tradicional,
incumbe también al lector, quien
debe tomar parte en la búsqueda de
pistas y significados. Esta visión
paranoide se extiende por varios
continentes e incluso a través del
tiempo porque Pynchon emplea la
metáfora de la entropía, es decir, la
degradación paulatina del universo.
En sus obras es evidente el uso
magistral de la cultura popular,
sobre todo la ficción científica y la
novela detectivesca.
La obra V (1963) de Pynchon está
vagamente estructurada en torno a
Benny Profane —un fracasado que
se entrega a divagaciones sin sentido
y a una serie de empresas fantásticas—
y su polo opuesto, el muy
instruido Herbert Stencil que busca
a la misteriosa espía V (quien es en
forma alternativa Venus, la Virgen y
el Vacío). La novela corta The Crying
of Lot 49 (1966) trata de un sistema
secreto asociado al Servicio Postal
de Estados Unidos. Gravity’s
Rainbow (El arco iris de la gravedad,
1973) se desarrolla en Londres
durante la Segunda Guerra Mundial,
mientras caen proyectiles sobre la
ciudad, y relata una búsqueda burlesca,
pero simbólica de nazis y
otros personajes disfrazados.
En la novela cómica Vineland
(Tierra de viñedos, 1990), que se
desarrolla en el norte de California,
Pynchon presenta fuerzas siniestras
incrustadas en agencias federales,
que ponen en peligro la vida
de individuos. En la novela Mason &
Dixon (1997), parte de la cual transcurre
en las tierras inexploradas de
1765, dos exploradores ingleses
realizan levantamientos topográficos
para marcar la línea que habría
de dividir el norte y el sur de
Estados Unidos. También en este
caso Pynchon describe el uso injusto
del poder. Dickson pregunta: “no
importa adónde... vayamos, ¿hallaremos
en todas partes a los tiranos
del mundo y a sus esclavos?”. A
pesar de su amplio registro, la violencia,
la comedia y el gusto por la
innovación vinculan inexorablemente
la obra de Pynchon con la década
de 1960.
John Barth (1930- )
Nacido en Maryland, John Barth se
interesa más en el modo de contar
una historia que en la historia
misma, pero a diferencia de Pynchon
que desorienta al lector con huellas
falsas y muchas pistas factibles
como en las novelas de detectives,
Barth atrae al público a una casa de
la risa, como de carnaval, llena de
espejos deformantes que exageran
unos rasgos y minimizan otros.
El realismo es el enemigo de
Barth, quien en Lost in the Funhouse
(Perdidos en la casa de la risa, 1968)
reúne 14 relatos que aluden sin
cesar a los procesos de la lectura y
la escritura. La intención de Barth es
alertar al lector sobre la naturaleza
artificial de esas dos actividades, y
prevenirlo de que no se deje absorber
por el relato como si fuera algo
real. Para evitar la ilusión del realismo,
Barth emplea un gran repertorio
de recursos reflexivos a fin de
recordarle al público que sólo está
leyendo.
Las primeras obras de Barth,
como las de Saul Bellow, son inquisitivas
y existenciales, y abordan los
temas de los años 50 sobre la liberación
y la vida errante. En The
Floating Opera (La ópera flotante,
1956) un hombre piensa en el suicidio.
The End of the Road (El final del
camino, 1958) relata una compleja
aventura amorosa. Sus obras de los
años 60 son más cómicas y menos
realistas. The Sot-Weed Factor (El
factor de la hierba loca, 1960) parodia
el estilo picaresco del siglo
XVIII, mientras que Giles Goat-Boy
(1966) es una parodia del mundo,
visto como una universidad.
Chimera (Quimera, 1972) replantea
cuentos de la mitología griega y
en Letters (Cartas, 1979) Barth
mismo es uno de los personajes, tal
como lo es Norman Mailer en The
Armies of the Night (Los ejércitos
de la noche). En Sabbatical: A
Romance (Sabático: un romance,
1982), Barth usa el tema del espía
de la ficción popular y cuenta la historia
de una maestra universitaria y
su esposo, un agente secreto retirado
que se ha vuelto novelista. Sus
novelas posteriores, The Tidewater
Tales (Los cuentos de marea, 1987),
The Last Voyage of Somebody the
Sailor (El último viaje de Alguien el
marino, 1991) y Once Upon a Time: A
Floating Opera (Hubo una vez, la
ópera flotante, 1994) revelan el “virtuosismo
apasionado” de Barth (en
sus propias palabras) para negociar
el caótico mundo oceánico con los
brillantes recursos del lenguaje.
Norman Mailer (1923- )
Norman Mailer se convirtió en el
novelista más famoso de las décadas
de 1960 y 1970. Fue uno de los
fundadores de The Village Voice, un
semanario de la Ciudad de Nueva
York crítico del sistema, y en sus
páginas se publicitó a sí mismo y a
sus opiniones políticas. Por su avidez
de experiencias, su estilo vigoroso
y su espectacular personalidad
pública, este autor encaja en la tradición
de Ernest Hemingway. Para
tener un buen punto de vista sobre
el asesinato del presidente John F.
Kennedy, las protestas contra la
Guerra de Vietnam, la liberación de
los negros y el movimiento feminista,
él construyó personajes actualizados,
existencialistas y “machos”
(Kate Millett describió a Mailer, en
su libro Sexual Politics, como el típico
machista). El irrefrenable Mailer
se casó en seis ocasiones y contendió
por el cargo de alcalde de
Nueva York.
Él es el reverso de un escritor
como Barth para quien el tema no
es tan importante como la forma en
que se maneja. A diferencia del invisible
Thomas Pynchon, Mailer busca
y exige atención constante.
Novelista, ensayista, político a
veces, activista literario y actor ocasional,
Mailer siempre está en escena.
Desde sus ejercicios de “nuevo
periodismo” como Miami and the
Siege of Chicago (Miami y el sitio de
Chicago, 1968), que es un análisis de
las convenciones presidenciales de
aquel año en Estados Unidos, y su
convincente estudio de la ejecución
de un asesino sentenciado, The
Executioner’s Song (La canción del
verdugo, 1979), Mailer ha optado
por escribir novelas tan ambiciosas,
aunque no perfectas, como Ancient
Evenings (Veladas de antaño, 1983),
ubicada en el antiguo Egipto, y
Harlot’s Ghost (El fantasma de la
prostituta, 1991), que gira en torno
de la Agencia Central de Inteligencia
de Estados Unidos.
Philip Roth (1933- )
A semejanza de Norman Mailer,
Philip Roth ha provocado controversias
al extraer de su propia vida sus
obras de ficción. La forma como él
aborda los temas sexuales y su irónico
análisis de la vida judía han
atraído la atención de la gente y de la
crítica, y han sido objeto de muchas
críticas.
El primer libro de Roth, Goodbye,
Columbus (Adiós, Colón, 1959), satirizó
a los judíos provincianos de los
suburbios. En su novela más conocida,
el escandaloso éxito de librería
Portnoy’s Complaint (La queja de
Portnoy, 1969), un administrador de
la ciudad de Nueva York divierte a su
taciturno psicoanalista con historias
subidas de tono de sus años de
juventud.
Aun cuando The Great American
Novel (La gran novela estadounidense,
1973) profundiza en la tradición
del béisbol, la mayoría de las novelas
de Roth son autobiográficas en
forma ostensible e incluso desafiante.
En My Life As a Man (Mi vida
como hombre, 1974), un hombre
sometido a las tensiones del divorcio
se inventa un alter ego, Nathan
Zuckerman, cuyas narraciones constituyen
uno de los polos de la historia
siendo el otro los diferentes
tipos de reacciones que aquéllas
provocan en los lectores. Zuckerman
parece tomar el mando en una
serie de novelas ulteriores. La más
exitosa es tal vez la primera de ellas,
The Ghost Writer (El negro, 1979),
narrada por Zuckerman como un
escritor joven a quien los judíos de
más edad acusan de estar avivando
el antisemitismo. En Zuckerman
Bound (Zuckerman atado, 1985), una
novela de este personaje lo ha vuelto
rico, pero tristemente célebre.
En The Counterlife (La contravida,
1986), la quinta novela de Zuckerman,
las historias compiten entre sí
cuando la supuesta vida de Nathan
es comparada con otras vidas imaginables.
En su libro de memorias,
The Facts (Los hechos, 1988), la
tuerca se aprieta un poco más; en
ella Zuckerman critica el estilo
narrativo del propio Roth.
Roth sigue oscilando en el
límite entre los hechos y la
ficción en Patrimony: A True
Story (Patrimonio: Una historia verdadera,
1991), donde plasma sus
recuerdos sobre la muerte de su
padre. Entre sus novelas recientes
figuran American Pastoral (Pastoril
estadounidense, 1997), en la cual el
radicalismo de una hija en los años
60 hiere a su padre, y The Human
Stain (La mancha humana, 2000),
acerca de un profesor cuya carrera
se arruina a consecuencia de una
mala interpretación lingüística de
índole racial.
Roth es un profundo analista de
los puntos fuertes y débiles de los
judíos. Sus caracterizaciones están
bien matizadas, sus protagonistas
son complejos, individualizados y
profundamente humanos. La serie
de novelas autobiográficas de Roth
sobre un escritor recuerda la
reciente serie de John Updike
sobre Bech y es con el magistral
estilista Updike con quien Roth
–que goza de la admiración general
por su estilo ingenioso y lleno de
recursos– es comparado más a
menudo.
Algunos lectores consideran que
Roth, a pesar de su brillantez e inteligencia,
está demasiado absorto en
sí mismo. Sin embargo, sus vigorosos
logros a lo largo de casi 50 años
le han ganado un sitio entre los
novelistas estadounidenses más
distinguidos.
ESCRITORES DEL SUR DE ESTADOS UNIDOS
Los escritores sureños de la década
de 1960, a semejanza de esa región
que entonces todavía era agraria en
buena parte, tendían a apegarse a
las tradiciones consagradas por el
tiempo. En aquella década de cambio radical
aún estaban arraigados en el realismo
y en una visión ética, aunque no religiosa. Los
temas sureños recurrentes son la familia, la casa
familiar, la historia, la tierra, la religión, la culpa,
la identidad, la muerte y la búsqueda de un significado
redentor en la vida. Como William
Faulkner y Thomas Wolfe (Look Homeward,
Angel [Mira hacia el hogar, Ángel, 1929]), que
inspiraron el “renacimiento del sur” en literatura,
muchos escritores de esa región eran académicos
y refinados estilistas en los años 60 que
respetaban la palabra escrita pues la consideraban
un vínculo con tradiciones arraigadas en el
mundo clásico.
Muchos han sido maestros influyentes. Caroline
Gordon (1895-1981), nacida en Kentucky y casada
con el poeta sureño Allen Tate, fue una respetada
profesora de redacción. Sus novelas se desarrollan
en su estado natal, Kentucky. Truman Capote
nació en Nueva Orleans y pasó parte de su infancia
en pequeñas ciudades de Louisiana y Alabama, el
escenario de muchas de sus primeras obras en la
elegante y decadente vena gótica del sur.
El profesor de redacción afro-estadounidense
Ernest Gaines (1933- ), también nativo de Nueva
Orleans, ubicó muchas de sus conmovedoras y
reflexivas obras en las tierras rurales pantanosas
de Louisiana, habitadas en gran parte por negros.
Tal vez su novela más conocida sea The
Autobiography of Miss Jane Pittman (La autobiografía
de la Srta. Jane Pittman, 1971), donde reflexiona
sobre el paso del tiempo desde el final de la
Guerra Civil en 1865 hasta 1960. Más preocupado
por problemas humanos que por el color de la
piel, Gaines maneja con sutileza las relaciones
raciales.
Reynolds Price (1933- ), con una larga carrera
como catedrático de la Universidad Duke, nació
en Carolina del Norte, región donde se desarrollan
muchas de sus obras, como A Long and Happy
Life (Una vida larga y feliz, 1961). Como William
Faulkner y Robert Penn Warren, él puebla su
territorio sureño con familias estrechamente
relacionadas entre sí por sus raíces y reflexiona
sobre el transcurso del tiempo y el imperativo de
expiar malas acciones del pasado. Su estilo meditativo
y poético recuerda la tradición literaria clásica
del viejo Sur. Víctima de parálisis parcial a
causa del cáncer, Price exploró el sufrimiento
físico en The Promise of Rest (La promesa de descanso,
1995), donde un padre atiende a su hijo
que muere víctima del SIDA. Su muy apreciada
novela Kate Vaiden (1986) revela su capacidad
para evocar la vida de una mujer.
Walker Percy (1916-1990), quien residía en
Louisiana, fue elevado a la categoría de miembro
de la aristocracia sureña. Sus muy amenas novelas
–cómicas, líricas, moralizantes y satíricas en
forma sucesiva– denotan su conciencia de las clases
sociales y su conversión al catolicismo. Su
mejor novela es la primera, The Moviegoer (El
cinéfilo, 1961), en la que narra la historia de un
joven corredor de bolsa de Nueva Orleans, encantador
pero sin rumbo. En ella acusa la influencia
del existencialismo francés trasplantado al floreciente
y con frecuencia demasiado desenvuelto
nuevo Sur que surgió después de la Segunda
Guerra Mundial.
LAS DÉCADAS DE 1970 Y 1980: CONSOLIDACIÓN
A mediados de la década de 1970 ya había empezado
una época de consolidación. El conflicto de
Vietnam había terminado, seguido poco después
del reconocimiento de la República Popular de
China por Estados Unidos y la celebración del
bicentenario de este país. Llegaron pronto los
años 80 –la “década del yo” según la expresión de
Tom Wolfe– en la cual los individuos tendieron a
ocuparse más de sus preocupaciones personales
que de los problemas sociales más amplios.
En literatura persistían las antiguas corrientes,
pero la fuerza que impulsaba la experimentación
pura se redujo. Nuevos novelistas como John
Gardner, John Irving (The World According to
Garp [El mundo según Garp, 1978]), Paul Theroux
(The Mosquito Coast [La costa del mosquito,
1981]), William Kennedy (Ironweed [Ambrosía,
1983]) y Alice Walker (The Color Purple [El color
púrpura, 1982]) irrumpieron con novelas estilísticamente
brillantes que retrataban dramas humanos
conmovedores. Renació el interés por el
lugar de la acción, los personajes y los temas asociados
al realismo, junto con un renovado interés
por la historia, como se advierte en las obras de
E.L. Doctorow.
El realismo, abandonado por los escritores
experimentales de los años sesenta, también
hizo su retorno, muchas veces mezclado
con audaces elementos originales: una estructura
osada en la cual se presenta una novela
dentro de otra novela, como en October Light
(Luz de octubre) de John Gardner, o el dialecto
estadounidense negro como en The Color Purple
de Alice Walker. La literatura de minorías empezó
a florecer. El drama pasó del realismo a técnicas
más cinéticas y cinematográficas. Sin embargo, al
mismo tiempo, la “década del yo” se reflejó en
nuevos talentos tan desenfadados como Jay
McInerney (Bright Lights, Big City [Luces brillantes,
ciudad brillante, 1984]), Bret Easton Ellis
(Less Than Zero, [Menos que cero, 1985]) y
Tama Janowitz (Slaves of New York [Esclavos de
Nueva York, 1986]).
E.L. Doctorow (1931- )
Las novelas de E.L. Doctorow muestran la transición
de la metaficción a una sensibilidad nueva y
más humana. Su novela aclamada por la crítica
acerca del elevado costo humano de la Guerra
Fría, The Book of Daniel (El libro de Daniel, 1971),
se basa en la ejecución de Julius y Ethel
Rosenberg bajo cargos de espionaje. En ella, la
voz narrativa es la del hijo de los ejecutados.
Robert Coover trata el mismo tema en The Public
Burning, pero el libro de Doctorow transmite más
calidez y emoción.
Ragtime (1975) de Doctorow es un rico y caleidoscópico
montaje de Estados Unidos a partir de
1906. Como lo hizo John Dos Pasos varias décadas
antes en su trilogía U.S.A., Doctorow muestra personajes
reales y ficticios para captar el sabor y la
complejidad de aquella época. Doctorow continúa
su historia novelada de este país en Loon Lake
(Lago Somorgujo, 1979), que transcurre en la
década de 1930 y trata de un despiadado capitalista
que domina y destruye a personas idealistas.
Las novelas posteriores de Doctorow son la
obra autobiográfica World’s Fair (Feria Mundial,
1985), acerca de un niño de ocho años que crece
durante la Depresión de los años 30; Billy Bathgate
(1989) sobre Dutch Schultz, un gangster auténtico
de Nueva York; y The Waterworks (La planta
purificadora de agua, 1994), que se desarrolla en
Nueva York en la década de 1870. City of God (La
ciudad de Dios, 2000) –cuyo título es una alusión
a San Agustín– se ubica de nuevo en Nueva York en
el presente. La conciencia de un clérigo cristiano
entreteje la pobreza, la delincuencia y la soledad
generalizadas de la ciudad, con historias de personas
cuyas vidas tocan la suya. El libro sugiere
la persistente convicción de Doctorow según el
cual escribir es una forma de testimonio y un camino
para la supervivencia humana.
Las técnicas de Docotorow son eclécticas. La
exuberancia estilística y la inventiva formal lo vinculan
con escritores de metaficción como
Thomas Pynchon y John Barth, pero sus novelas
están siempre arraigadas en el realismo y la historia.
Su inclusión de personajes y hechos reales
lo relaciona con el Nuevo Periodismo de los años
60 y con Normal Mailer, Truman Capote y Tom
Wolfe, mientras que su empleo de la memoria
novelada, como en World’s Fair, mira hacia
adelante a autores como Maxine Hong Kingston
y el florecimiento de las memorias en la década
de 1990.
William Styron (1925-2006)
En la región de marisma de Virginia, el sureño
William Styron escribe novelas ambiciosas
en las que los personajes son colocados
en lugares y épocas que ponen a prueba los
límites de su humanidad. Entre sus primeras
obras figura la aclamada Lie Down in Darkness
(Yace en la oscuridad, 1951) que comienza con el
suicidio de una bella mujer sureña –quien se
lanza de lo alto de un rascacielos de Nueva York–
y retrocede en el tiempo para explorar las fuerzas
oscuras que bullían dentro de su familia y la llevaron
a la muerte.
La forma en que Faulkner abordaba los temas,
incluso los oscuros relatos góticos del sur, las
escenas retrospectivas y los monólogos basados
en la corriente de la conciencia, llevaron a Styron
a una fama que se convirtió en controversia cuando
publicó su obra ganadora del Premio Pulitzer,
The Confessions of Nat Turner (Las confesiones
de Nat Turner, 1967). En esa novela recrea el
levantamiento más violento de esclavos en la historia
de Estados Unidos, visto a través de los ojos
de su líder. El libro fue publicado en el apogeo del
movimiento del “poder negro” y, como es lógico,
la descripción de Nat Turner suscitó acres críticas
de muchos observadores afro-estadounidenses,
aunque hubo también algunos que defendieron
a Styron.
La fascinación de Styron por los actos humanos
individuales frente al telón de fondo de la injusticia
racial en general continúa en Sophie’s Choice (La
decisión de Sofía, 1979), otro tour de force sobre la
tragedia de una encantadora mujer,
ese tema que Edgar Allan Poe, el
espíritu tutelar de los escritores
sureños, consideraba el más conmovedor
de todos los temas posibles.
En esa novela, una hermosa mujer
polaca sobreviviente de Auschwitz es
vencida por el recuerdo de su sufrimiento,
el cual llegó al clímax en el
momento en que tuvo que elegir cuál
de sus hijos habría de vivir y cuál
moriría. El libro establece complejos
paralelismos entre el racismo del sur
del país y el holocausto.
En fecha más reciente Styron,
como muchos otros escritores, ha
optado por escribir en forma de
memorias. El breve relato de su
depresión casi suicida, Darkness
Visible: A Memoir of Madness
(Tinieblas visibles: memorias de la
locura, 1990), recuerda la terrible
resaca que sus infortunados personajes
deben haber sentido. En la ficción
autobiográfica de A Tidewater
Morning (Una mañana de marisma,
1993), la deslumbrante y opresivamente
cálida costa de Virginia donde
él creció refleja y amplía los cambios
que ocurren en el estado de
conciencia del narrador.
John Gardner (1933-1982)
John Gardner, surgido del ambiente
rural del estado de Nueva
York, fue el portavoz más importante
de los valores éticos en la literatura
hasta el día de su muerte en un
accidente de motocicleta. Fue profesor
de letras inglesas y se especializó
en el periodo medieval; en su
novela más popular, Grendel (1971),
replantea el Beowulf de la antigua
épica inglesa desde el punto de vista
existencialista del monstruo. Esta
novela corta, vívida y a menudo
cómica, es una sutil argumentación
contra el existencialismo que llena a
su protagonista de desesperación
autodestructiva y escepticismo.
Novelista prolífico y popular,
Gardner usó un enfoque realista y
lo combinó con técnicas innovadoras
—como el flashback (salto
narrativo al pasado), la trama dentro
de otra trama, la recreación de
mitos y las historias contrastantes—
para extraer la verdad de una
situación humana. Su fuerza radica
en la caracterización (sobre todo en
sus comprensivos retratos de gente
ordinaria) y en su colorido estilo.
Algunas de sus principales obras
son: The Resurrection (La resurrección,
1966), The Sunlight Dialogues
(Los diálogos a la luz del sol, 1972),
Nickel Mountain (La montaña de
níquel, 1973), October Light (Luz
de octubre, 1976) y Mickelsson’s
Ghosts (Los fantasmas de Mickelsson,
1982).
Los patrones de la ficción de
Gardner sugieren el poder curativo
de la camaradería, el deber y las
obligaciones familiares; en ese sentido,
él fue un autor muy tradicional
y conservador. Se empeñó en
demostrar que ciertos actos y valores
conducen a una vida plena. Su
libro On Moral Fiction (Sobre la ficción
moral, 1978) es una exhortación
a escribir novelas que encarnen
valores éticos en lugar de deslumbrar
al lector con huecas innovaciones
técnicas. El libro causó
furor, en gran parte porque Gardner
criticó con dureza a importantes
autores vivos —sobre todo a los
que escriben metaficción— porque
no transmiten inquietudes éticas.
Gardner preconizaba un tipo de ficción
cálida, humana, a la postre más
realista y socialmente comprometida,
como las de Joyce Carol Oates y
Tony Morrison.
Joyce Carol Oates (1938- )
Joyce Carol Oates es la novelista
seria más prolífica de las últimas
décadas pues ha publicado novelas,
cuentos cortos, poesía, textos de no
ficción, dramas, estudios críticos y
ensayos. Aplica lo que ella misma ha
denominado “realismo psicológico”
en una gama panorámica de temas
y formas.
Oats es la autora de una trilogía
gótica constituida por Bellefleur
(1980), A Bloodsmoor Romance (Un
romance de Bloodsmoor, 1982) y
Mysteries of Winterthurn (Misterios
de Winterthurn, 1984); un libro no
de ficción, On Boxing (Sobre el
boxeo, 1987); y un estudio acerca de
Marilyn Monroe (Blonde [Rubia],
2000). Sus tramas son oscuras y a
menudo giran en torno de la violencia
que, según lo ha descubierto la
autora, está hondamente arraigada
en el psiquismo estadounidense.
Toni Morrison (1931- )
La novelista afro-estadounidense
Toni Morrison nació en Ohio, en una
familia con inclinaciones espirituales.
Estudió en la Universidad
Howard de Washington, D.C. y ha
sido directora de una de las casas
editoriales más importantes de
Washington y profesora distinguida
en varias universidades.
La rica trama de sus obras de ficción
le ha ganado a Morrison aclamación
internacional. En convincentes
novelas de amplio aliento examina
la compleja identidad de los
negros desde una óptica universal.
En una de sus primeras obras, The
Bluest Eye (El ojo más azul, 1970),
una muchacha negra con fuerza de
voluntad cuenta la historia de Pecola
Breedlove, una joven que enloquece
bajo el maltrato de un padre cruel.
Pecola alucina que sus ojos oscuros
se han vuelto azules por arte de
magia y que eso la hará ser digna de
amor. Morrison ha dicho que en
esta novela creó su propio sentido
de identidad como escritora: “Yo
era Pecola, Claudia y todos los
demás”.
En Sula (1973), Morrison describe
la firme amistad de dos mujeres y
presenta a las afro-estadounidenses
como personas únicas y plenamente
individuales, no como estereotipos.
Su obra Song of Solomon (El cantar
de Salomón, 1977) ha ganado varios
premios. En ella relata la historia de
un negro, Milkman Dead, y sus complejas
relaciones con su familia y su
comunidad. En Tar Baby (El niño de
brea, 1981) Morrison aborda las
relaciones entre negros y blancos.
Beloved (Amada, 1987) es la dolorosa
historia de una mujer que mata a
sus hijos para evitar que vivan como
esclavos. La autora usa las técnicas
oníricas del realismo mágico para
describir una figura misteriosa,
Amada, que regresa de la tumba para
vivir con la madre que la degolló.
Jazz (1992), se desarrolla en el
Harlem en la década de 1920 y es una
historia de amor y homicidio; en
Paradise (Paraíso, 1998), los varones
de la población totalmente negra de
Ruby, una pequeña ciudad de
Oklahoma, asesinan a residentes de
un asentamiento vecino integrado
sólo por mujeres. Morrison muestra
que la exclusión, ya sea por motivos
de sexo o de raza, por muy atractiva
que pudiera parecer, al final no conduce
al paraíso sino a un infierno
fabricado por el hombre.
En su accesible libro de no ficción
Playing in the Dark: Whiteness and
the Literary Imagination (Juego en
la oscuridad: La blancura y la imaginación
literaria, 1992), Morrison
percibe una corriente definitoria de
conciencia racial en la literatura
estadounidense. Ella ha dicho que
sus novelas, que son obras de arte
consumadas, tienen un contenido
político: “No me interesa darme el
gusto de solazarme con el ejercicio
personal de mi imaginación... Sí, el
trabajo debe ser político”. Morrison
ganó el Premio Nobel de Literatura
en 1993.
Alice Walker (1944- )
Hija de una familia de aparceros de la zona rural
de Georgia, la afro-estadounidense Alice Walker
se tituló por la Escuela Superior Sarah Lawrence
y uno de sus maestros fue la poeta políticamente
comprometida Muriel Rukeyser. Otras influencias
perceptibles en su trabajo han sido Flannery
O’Connor y Zora Neale Hurston.
Escritora “mujerista”, como ella misma se define,
Walker está vinculada con el feminismo desde
hace largo tiempo y relata la vida de los negros
desde el punto de vista femenino. Como Toni
Morrison, Jamaica Kincaid, la finada Toni Cade
Bambara y otras excelentes novelistas negras
contemporáneas, Walker emplea un realismo
exaltado y lírico para exponer los sueños y fracasos
de personajes verosímiles y accesibles. Su
obra subraya la búsqueda de dignidad en la vida
humana. De buen estilo, como se aprecia sobre
todo en su novela epistolar y dialectal The Color
Purple, su intención es educar. En esto se asemeja
al novelista estadounidense negro Ishmael
Reed, cuyas sátiras denuncian problemas sociales
y cuestiones raciales.
The Color Purple de Walker es la historia del
amor de dos hermanas negras pobres que sobrevive
a varios años de separación, entrelazada con
el relato simultáneo de la hermana tímida, fea e
ignorante que descubre su propia fuerza interior
con el apoyo de una amiga. El tema de la ayuda
mutua entre las mujeres nos recuerda la autobiografía
de Maya Angelou, I Know Why the Caged
Bird Sings, que exalta el nexo entre madre e hija,
y la obra de feministas blancas como Adrienne
Rich. En The Color Purple, los hombres son básicamente
ignorantes de las necesidades y la realidad
de las mujeres.
Aunque muchos críticos consideran que la obra
de Walker es demasiado didáctica o ideológica, un
numeroso público lector de carácter general
aprecia sus audaces exploraciones de la feminidad
afro-estadounidense. Sus novelas arrojan luz
sobre añejos problemas como el cruel legado de
la aparcería (The Third Life of Grange Copeland
[La tercera vida de Grange Copeland], 1970) y la
circuncisión femenina (Possessing the Secret Joy
[La posesión del goce secreto], 1992).
EL ASCENSO DE LA FICCIÓN MULTIÉTNICA
Desde los abolicionistas y los escritores
afro-estadounidenses de narrativa sobre
esclavos del siglo XIX, los primeros que
abordaron los prejuicios étnicos y las penurias de
los menos favorecidos fueron autores judío-estadounidenses
como Saul Bellow, Bernard Malamud,
Isaac Bashevis Singer, Arthur Miller, Philip Roth y
Norman Mailer. Ellos exploraron nuevas formas de
proyectar una conciencia que era a la vez estadounidense
y específica de una subcultura. Su labor a
este respecto consistió en abrir la puerta para el
florecimiento de la literatura multiétnica en los
decenios siguientes.
Al final de la década de 1980 y a principios de la
siguiente, la literatura de minorías se convirtió en
un elemento importante del panorama literario de
Estados Unidos. Esto es válido tanto en el género
teatral como en la prosa. El finado August Wilson
(1945-2005) escribió un aclamado ciclo de dramas
sobre la experiencia de los negros en el siglo XX,
el cual tiene un sitio junto a la obra de los novelistas
Alice Walker, John Edgar Wideman y Toni
Morrison. Académicos como Lawrence Levine
(The Opening of the American Mind: Canons,
Culture and History [La apertura de la mente estadounidense:
Cánones, cultura e historia], 1996) y
Ronald Takaki (A Different Mirror: A History of
Multicultural America [Un espejo diferente:
Historia de la Norteamérica multicultural], 1993)
aportan un contexto invaluable para entender la
literatura multiétnica y sus significados.
También los estadounidenses de origen asiático
han ocupado su lugar en la escena literaria. Maxine
Hong Kingston, autora de The Woman Warrior (La
mujer guerrera, 1976), conquistó un espacio para
sus colegas estadounidenses de ascendencia asiática
como Amy Tan (1952- ), quien ha cautivado a
los lectores con sus luminosas novelas de la vida
china trasladada a este país después de la Segunda
Guerra Mundial (The Joy Luck Club [El alegre club
de la suerte], 1989 y The Kitchen God’s Wife [La
esposa del dios de la cocina], 1991). David Henry
Hwang (1957- ), nacido en California e hijo de inmigrantes
chinos, ha dejado su huella en el teatro
con obras como F.O.B. (1981) y M. Butterfly (1986).
Un grupo relativamente nuevo en este horizonte
literario fue el de los escritores latinoamericanos,
entre ellos el novelista ganador del Premio
Pulitzer Oscar Hijuelos, nacido en
Cuba y autor de The Mambo Kings
Play Songs of Love (Los reyes del
mambo tocan canciones de amor,
1989). Entre los principales escritores
estadounidenses de origen mexicano
figuran Sandra Cisneros
(Women Hollering Creek and Other
Stories [El arroyo vociferante de las
mujeres y otros relatos], 1991) y
Rudolfo Anaya, autor de la poética
novela Bless Me, Ultima (Bendíceme,
Última, 1972).
La ficción de los norteamericanos
nativos floreció. Lo más frecuente era
que los autores evocaran la pérdida
de su vida tradicional basada en la
naturaleza, sus extenuantes intentos
de adaptarse a la vida moderna y su
lucha contra la pobreza, el desempleo
y el alcoholismo. En su obra ganadora
del Premio Pulitzer, House Made of
Dawn (Casa hecha de amanecer,
1968) y en la poética The Way to Rainy
Mountain (El camino a la montaña
de lluvia, 1969), N. Scott Momaday
(1934- ) evoca la belleza y el desaliento
de la vida de la tribu Kiowa. Mestiza
descendiente de indígenas pueblos,
Leslie Marmon Silko escribió la novela
Ceremony (Ceremonia, 1977) que
fue muy estimada por la crítica y atrajo
a muchos lectores de tipo general.
A semejanza de los textos de
Momaday, ésta es una “novela de cánticos”
cuya estructura se basa en
rituales de sanación de los norteamericanos
nativos.
La lucha que los norteamericanos
nativos han tenido que librar fue descrita
por el poeta y novelista blackfoot
James Welch (1940-2003) en sus
concisas novelas casi sin tacha,
Winter in the Blood (Invierno en la
sangre, 1974), The Death of Jim Loney
(La muerte de Jim Loney, 1979), Fools
Crow (1986) y The Indian Lawyer (El
abogado indígena, 1990). Louise
Erdrich, parcialmente chippewa, ha
escrito una vigorosa serie de novelas
que comienza con Love Medicine
(Medicina de amor, 1984), donde
capta la complicada existencia de
familias disfuncionales en las reservas
indígenas, con una conmovedora
mezcla de estoicismo y humor.
LA DRAMATURGIA EN ESTADOS UNIDOS
Después de la Primera Guerra
Mundial, las populares y
lucrativas revistas musicales
predominaron cada día más en la
escena teatral de Broadway. El teatro
serio se retiró a salas más
pequeñas y menos costosas “fuera
de Broadway” o incluso fuera de la
ciudad de Nueva York.
Esta situación se repitió después
de la Segunda Guerra Mundial. El
teatro había languidecido en Estados
Unidos durante los años 50, restringido
por la Guerra Fría y el macartismo.
La energía de los años 60 lo
resucitó. El movimiento fuera-fuera
de Broadway constituyó una innovadora
opción alternativa frente al teatro
popular comercializado.
Después de 1960 muchos de los
principales dramaturgos produjeron
sus obras en sitios pequeños.
Liberados de la necesidad de ganar
dinero suficiente para pagar enormes
teatros, hallaron nuevas fuentes
de inspiración en el existencialismo
europeo y en el así llamado Teatro
del Absurdo, representado por los
dramaturgos europeos Samuel
Beckett, Jean Genet y Eugene
Ionesco, y también por Harold
Pinter. Los mejores dramaturgos se
mostraron innovadores e incluso
surrealistas, rechazando el teatro
realista para criticar los superficiales
convencionalismos sociales.
Edward Albee (1928- )
El dramaturgo más influyente al
principio de la década de 1960 fue
Edward Albee, el hijo adoptivo de
una familia acomodada que poseía
teatros de vodevil y cultivaba la amistad
de varios actores. Albee ayudó a
producir obras de teatro del absurdo
europeas e incorporó nuevas
corrientes de ese continente a la
dramaturgia estadounidense. En
The American Dream (El sueño
americano, 1960), los personajes
acartonados de mamita, papito y
abuelita recitan una serie de lugares
comunes para caricaturizar a
una familia convencional y sin amor.
La pérdida de identidad y las consecuentes
luchas por el poder para
llenar el vacío interior impulsaron
las obras de Albee, como Who’s
Afraid of Virginia Woolf (Quién
teme a Virginia Woolf, 1962). En
este controvertido drama, llevado al
cine con las estrellas Elizabeth
Taylor y Richard Burton, la fantasía
compartida por ambos miembros de
un matrimonio desdichado –que
tienen un hijo y que sus vidas tienen
significado– es denunciada con violencia
como una mentira.
Albee ha seguido produciendo
por varias décadas obras destacadas,
entre ellas Tiny Alice (La diminuta
Alice, 1964); A Delicate Balance
(Un frágil equilibrio, 1966); Seascape
(Paisaje marino, 1975); Marriage
Play (Juego matrimonial, 1987); y
Three Tall Women (Tres mujeres
altas, 1991), en las que sigue la historia
del mismo personaje principal,
muy parecido a la dominante madre
adoptiva de Albee, a lo largo de tres
etapas de su vida.
Amiri Baraka (1934- )
El poeta Amiri Baraka, conocido
por su poesía vivaz, orientada hacia
el habla común y afín a las improvisaciones
del jazz, decidió hacerse
dramaturgo en la década de 1960.
Siempre en busca de sí mismo,
Baraka ha cambiado varias veces su
nombre en sus intentos de definir
su identidad como la de un estadounidense
negro. En sus primeros
años exploró diversos senderos de
la vida, desertó de la Universidad
Howard y fue dado de baja con deshonor
de la Fuerza Aérea de Estados
Unidos por supuestos nexos con el
comunismo. En esos años afloró su
verdadera vocación de escritor.
En los años 60 Baraka vivió en el
Greenwich Village de la ciudad de
Nueva York, donde conoció a
muchos artistas y escritores, entre
ellos a Frank O’Hara y Allen
Ginsberg.
Ya en 1965 Baraka había puesto en
marcha el Teatro de Repertorio de
Artes Negras en Harlem, la sección
afro-estadounidense de la ciudad
de Nueva York. Él retrató los puntos
de vista nacionalistas de los negros
acerca del racismo, en obras perturbadoras
como Dutchman (El holandés,
1964), en la que una mujer blanca
coquetea con un joven negro y a
la postre lo mata en el metro de la
ciudad de Nueva York. La primera
mitad del drama es realista y chispeante,
con diálogos ingeniosos y
caracterizaciones sutiles. El espeluznante
final arriesga el melodrama
para dramatizar la incomprensión
racial y la victimización del protagonista
negro varón.
Sam Shepard (1943- )
El actor y dramaturgo Sam
Shepard pasó su infancia trasladándose
con su familia de una a otra de
las bases del ejército a las que era
asignado su padre, quien fue piloto
en la Segunda Guerra Mundial. Vivió
su adolescencia en una finca ganadera
en la zona desértica del este de
Los Ángeles, California. En la escuela
secundaria, Shepard se solazaba
leyendo a los poetas beat; aprendió a
tocar batería de jazz y más tarde se
incorporó a una banda de rock.
Produjo sus primeras obras teatrales,
Cowboys y The Rock Garden (El
jardín de rocas) en 1964. Esos trabajos
prefiguran sus obras maduras,
con sus motivos alusivos al Oeste y el
tema de la competencia masculina.
Entre las casi 50 obras de
Shepard para el teatro y el cine, las
más estimadas son tres dramas
relacionados entre sí en los que
evoca el amor y la violencia en el
seno familiar: Curse of the Starving
Class (La maldición de la clase hambrienta,
1976), Buried Child (Niño
sepultado, 1978) y True West (El verdadero
Oeste, 1980), su pieza más
conocida. En True West, dos hermanos
de mediana edad, un culto guionista
y un ladrón inestable, compiten
por escribir un drama del Oeste
apegado a la vida real para un rico
productor de cine urbano. Pensando
cada uno que necesita lo que tiene
el otro –éxito, libertad– los dos hermanos
intercambian sus lugares en
un ambiente de violencia creciente
exacerbada por el alcohol. La obra
refleja la preocupación de Shepard
por la pérdida de libertad, autenticidad
y autonomía en la vida estadounidense.
En ella dramatiza la frontera
que se esfuma (el hermano vagabundo)
y la imaginación nacional (el
escritor), seducidos por el dinero,
los medios de comunicación y las
fuerzas del comercio, personificados
por el productor.
En su proceso creativo, Shepard
trata de recrear una zona de libertad
permitiendo que sus personajes
actúen de modo impredecible, espontáneo
y a veces ilógico. El ejemplo
más famoso de esto se aprecia
en True West. En un gesto que intenta
sugerir la libertad sin ley, el
angustiado escritor roba un montón
de tostadoras eléctricas. La escena
es totalmente irreal pero, por extraño
que parezca, resulta creíble
en el nivel emocional y funciona
como comedia, teatro del absurdo e
ironía.
Shepard deja que sus personajes
guíen la obra, en lugar de empezar
con un argumento previamente planeado,
por lo cual sus obras son
frescas y se asemejan a la vida. Su
impronta surrealista y su experimentalismo
lo vinculan con Edward
Albee, pero sus obras son más desenfadadas
y divertidas, y sus personajes
tienen un perfil más realista:
transmiten la conciencia de una
Costa Oeste audaz y aportan comentarios
sobre Estados Unidos, lo
cual es perceptible por la forma en
que el autor usa los motivos del paisaje
y ciertos escenarios y contextos
específicos.
David Mamet (1947- )
Un autor de igual importancia es
David Mamet, quien creció en
Chicago y muestra en sus escritos la
influencia del método de actuación
de Stanislavsky que le reveló de qué
manera “el lenguaje que usamos...
determina nuestro comportamiento,
no a la inversa”. Su énfasis en el
lenguaje, pero no como un instrumento
de comunicación sino como
un arma, una evasión y una manipulación
de la realidad, dota a Mamet
de una sensibilidad contemporánea
postmoderna.
Entre los impresionantes dramas
de Mamet figuran American Buffalo
(Búfalo norteamericano, 1975), una
obra en dos actos cuyo lenguaje es
cada vez más violento y en la que
presenta un drogadicto, una tienda
de drogas y un intento de robo; y
Speed-the-Plow (Aceleren la labranza,
1987). El aclamado drama
Glengarry Glen Ross (1982), incluido
a menudo en antologías y en el cual
presenta a un vendedor de bienes
raíces, fue llevado al cine en un
filme notable de 1992 con un elenco
multiestelar. Este drama, como casi
toda su obra, revela el intenso interés
de Mamet por algunos de los
problemas no resueltos del país.
Aquí, como en una actualización
de Death of a Salesman de Arthur
Miller, se percibe la necesidad de
recobrar la dignidad y la seguridad
en el empleo, sobre todo para los
trabajadores que envejecen; la competencia
entre las viejas y las nuevas
generaciones en el ámbito laboral;
el intenso afán de lucro a expensas
del bienestar de los empleados y,
envolviendo todo lo demás, la atmósfera
corrosiva de competencia
llevada al extremo del abuso.
En Oleanna (1991), Mamet hace
una disección eficaz del acoso
sexual en un entorno universitario.
En The Cryptogram (El criptograma,
1994) imagina la terrorífica visión
que tiene un niño de la vida de su
familia. Algunas de sus obras recientes
son The Old Neighborhood
(El viejo barrio, 1991) y Boston
Marriage (Matrimonio de Boston,
1999).
August Wilson (1945-2005)
El distinguido dramaturgo afroestadounidense
August Wilson, cuyo
nombre original era Frederick
August Kittel, fue hijo de un inmigrante
alemán que nunca se ocupó
de la familia. Expuesto a la pobreza
y el racismo, Wilson adoptó en su
adolescencia el sobrenombre de su
madre afro-estadounidense. Influido
por el movimiento del arte negro
de fines de los años 60, Wilson fue
uno de los fundadores del Black
Horizons Theater en Pittsburgh.
Los dramas de Wilson están organizados
por décadas y en ellos se
explora la experiencia afro-estadounidense.
Ma Rainey’s Black Bottom
(El fondo negro de Mamá Rainey,
1984), se desarrolla en Chicago en
1927 y es un retrato de la famosa
cantante de blues. Su aclamada obra
Fences (Vallas, 1985), ubicada en la
década de 1950, dramatiza el conflicto
entre un padre y un hijo, y toca
temas tan estadounidenses como el
béisbol y el sueño de éxito norteamericano.
Joe Turner’s Come and
Gone (Arribo y partida de Joe
Turner, 1986) se refiere a los residentes
de una casa de huéspedes en
1911. The Piano Lesson (La lección
de piano, 1987) se desarrolla en la
década de 1930 y cristaliza la dinámica
de una familia, tomando como
centro focal un piano que es una
reliquia de familia. Two Trains
Running (Dos trenes en marcha,
1990) tiene lugar en un café en los
años 60, mientras que Seven Guitars
(Siete guitarras, 1995) explora la
década de 1940.