En una mirada retrospectiva, algunos han visto
los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial
como una época heroica en la cual la poesía de
este país se liberó de ataduras tales como la rima
y la métrica, y se lanzó con el corazón por delante
hacia nuevas dimensiones, al lado de los expresionistas
abstractos de la pintura en este país. Otras
personas –entre ellas los autores experimentalistas,
multiétnicos y globales, y las escritoras feministas–
recuerdan la ceguera de esa época hacia
las cuestiones de raza y género. Esos autores experimentan
la diversidad como una bendición
actual y aspiran a conquistar libertades aún no
imaginadas. Sus aportaciones han hecho de la
poesía del presente una rica cornucopia de auténtica
base popular.
El interés por la poesía es hoy más alto que
nunca entre el público en general. Las sesiones de
poesía generan una camaradería competitiva entre
los escritores principiantes, los talleres informales
de redacción ofrecen apoyo y críticas, al tiempo
que los círculos de lectura proliferan. Los programas
de redacción florecen en todos los niveles,
ágiles intercambios poéticos centellean a través de
la Internet, y universidades, revistas y autores
emprendedores organizan sus propios sitios web.
En la actualidad, la poesía estadounidense es un
vasto territorio libre para la imaginación, un caldero
en ebullición, una obra dinámica en plena
marcha.
El fermento de la poesía estadounidense desde
1990 hace que su ámbito sea descentralizado y
difícil de definir. La mayoría de las antologías exhiben
sólo una dimensión de la poesía; por ejemplo,
obras de mujeres –o de agrupaciones de escritores
étnicos o la poesía derivada de una misma
inspiración– poesía del jazz, poesía de cowboys,
poemas con influencia budista o hip-hop.
Los pocos autores de antologías que intentan
representar toda la gama de la poesía estadounidense
contemporánea comienzan con prolijos
descargos de responsabilidad e insisten en los
contradictorios impulsos que la animan: el postmodernismo,
la ampliación del canon, las etnias, la
inmigración (con mención especial de las nuevas
voces llegadas del sur y el sureste de Asia y del
Oriente Medio), el advenimiento de la literatura
mundial, la realidad de las incesantes aportaciones
de las mujeres, el ascenso de la tecnología de
Internet, la influencia de impulsos regionales o de
maestros o programas de redacción específicos,
la ubicuidad de los medios de comunicación y el
papel del poeta como la voz del individuo solitario
que se eleva contra la estridencia de la comercialización
y el conformismo.
A los propios poetas les resulta difícil encontrar
algún sentido en el torrente de la poesía. Es posible
concebir un continuo en uno de cuyos extremos
estaría la poesía del yo hablante y subjetivo, en
el otro la poesía del mundo, y un vasto término
medio en el que el yo y el mundo se funden.
La poesía del yo hablante tiende a estar enfocada
en la vívida expresión y exploración de emociones
profundas, a menudo soterradas. Es psicológica
e intensa y el escenario no es importante. El
poeta más influyente de este tipo en la segunda
mitad del siglo XX fue Robert Lowell, cuyas inmersiones
en su propio psiquismo y en los antecedentes
de su perturbada familia le inspiraron escritos
confesionales.
Por otra parte, la poesía del mundo tiende a
construir su significado a partir del impulso narrativo,
el detalle y el contexto. En ella se establecen
con cuidado las escenas. Elizabeth Bishop, que
suele ser considerada como la mejor poeta mujer
de fines del siglo XX, fue uno de los bardos más
influyentes del mundo.
Robert Lowell y Elizabeth Bishop fueron amigos
toda su vida; ambos eran catedráticos de la
Universidad Harvard. Como Walt Withman y Emily
Dickinson en el siglo XIX, Lowell y Bishop son los
espíritus generadores que presidieron el surgimiento
de poetas posteriores y aunque compartían
una visión afín, sus aproximaciones eran diametralmente
opuestas. La poesía complicada,
subjetiva y retórica de Lowell extrae su significado
de la presentación de sí misma y de su elevado
lenguaje, mientras que Bishop, por su parte, ofrece
paisajes detallados en un estilo prosaico engañosamente
simple. Sólo en segunda lectura su
precisión y profundidad se dejan sentir.
La mayoría de los poetas oscilan en algún punto
entre esos dos polos. A fin de cuentas la gran poesía
–ya sea sobre el yo o acerca del mundo– supera
todas esas divisiones porque el yo y el mundo
llegan a ser espejos que se reflejan mutuamente.
No obstante, es posible distinguir provisionalmente
entre ambos enfoques para los fines de esta
exposición.
LA POESÍA DEL YO
Esta poesía tiende al discurso directo o al
monólogo. En su modalidad más intensa,
expone una situación del alma. Los escenarios,
aunque están presentes, no desempeñan
papeles relevantes. Esta poesía puede ser psicológica
o espiritual y aspira a un ámbito intemporal.
Sin embargo, también puede socavar la certidumbre
espiritual pues hace que todo significado sea
referido a su raíz en el lenguaje. Por lo tanto, en
esta numerosa agrupación podemos hallar poesía
un tanto romántica y expresiva, pero también poemas
basados en el lenguaje que cuestionan los
conceptos mismos de identidad y significado, pues
los consideran como simples artificios.
Para equilibrar esas preocupaciones, John
Ashbery ha dicho que él se interesa en “la experiencia
de la experiencia”, es decir, lo que se filtra
a través de su conciencia y no lo que realmente
pasó. En su obra “Soonest Mended” (“Enmendado
por voluntad propia”, 1970) describe una realidad
que yace plácida “allá afuera” y parece sencilla,
pero es letal como el lugar donde el trigo y la paja
(como las vidas humanas o las hojas de hierba de
Walt Whitman) son aventados:
...bajo el discurso yace
Lo que es móvil y no quiere ser movido, el laxo
Significado, desaliñado y simple como un centro
de trilla.
El enigmático W.S. Merwin (1927- ), dotado de
formación clásica, sigue produciendo volúmenes
de poesía subjetiva evocadora e inquietante. Su
poema “The River of Bees” (“El río de las abejas”,
1967) termina así:
Dice en la puerta qué hacer para sobrevivir
Pero nosotros no nacimos para sobrevivir
Sino sólo para vivir
La palabra “sólo” subraya con ironía la dificultad
que implica vivir plenamente como un ser humano,
una búsqueda más noble que la simple supervivencia.
Tanto Ashbery como Merwin, precursores de la
generación actual de poetas del yo, se caracterizan
por sus monólogos despojados de cualquier narración
o contexto explícitos. La inquietante lírica
existencial de Merwin sondea profundidades psicológicas,
mientras que Ashbery, con su inesperado
empleo de vocablos tomados de múltiples
registros del quehacer humano –psicología, agricultura,
filosofía– se orienta hacia la Escuela del
Lenguaje.
Los poetas recientes del yo han profundizado
más en la lucidez o en la conciencia fenomenológica
que se ejerce de instante en instante. Para Ann
Lauterbach (1942- ), el poema es una extensión de
la mente en acción; ella ha dicho que su poesía
es “un acto de autoconstrucción y la voz es
su umbral”. La poeta del lenguaje Lyn Hejinian
(1941- ) expresa el movimiento de la conciencia en
su autobiográfico poema en prosa My Life (Mi vida,
1987), en el que emplea la desarticulación, saltos
sorpresivos e intersecciones fortuitas: “Retrato
una idea en el momento en que tropiezo con ella,
en nuestra colisión”. Rae Armantrout (1947- ) usa
silencios y sutiles racimos de asociaciones oblicuas;
el poema que da título a su volumen
Necromance (Nigromancia, 1991) nos advierte que
“la enfática / precisión / se revela como / hostilidad”. Otra poeta experimental,
Leslie Scalapino (1947- ) escribe
poemas que son como un “examen
de la mente en el proceso mismo de
la creación en marcha”.
Gran parte de la poesía experimental
del yo es elíptica, no lineal, no
narrativa y no objetiva; sin embargo,
en su mejor expresión no es solipsística,
sino más bien gira en torno de
un “centro ausente”. La poesía del yo
incluye a menudo su interpretación
en público. En el caso de las mujeres
poetas, las enmiendas, las nociones
de silencio y las discrepancias suelen
asociarse con Julia Kristeva y otras
teóricas feministas francesas. La
poeta Susan Howe (1937- ), quien desarrolló
una compleja poética visual
donde lo histórico y lo personal se
entretejen, ha puesto de relieve la
dificultad de rastrear las líneas femeninas
en archivos y genealogías, y la
supresión de la mujer en la historia
de la cultura. Para ella, como mujer,
“en las lagunas de información y en
los silencios es donde tú te encuentras”.
Jorie Graham (1950- )
Una de las más logradas poetas del
yo subjetivo es Jorie Graham. Nacida
en Nueva York, creció en Italia y estudió
en la Sorbona de Francia, en la
Universidad de Nueva York (se especializó
en cine, lo cual continúa influyendo
en su trabajo) y en el Taller de
Escritores de Iowa, del cual más
tarde fue maestra. Desde entonces
ha sido catedrática en la Universidad
Harvard.
El trabajo de Graham está lleno de
referencias cosmopolitas y ella considera
la historia de Estados Unidos
como parte de un compromiso internacional
más vasto a lo largo del
tiempo. El poema que da título a la
colección con la que ganó el Premio
Pulitzer, The Dream of the Unified
Field: Selected Poems, 1974-1994 (El
sueño del campo unificado: poemas
seleccionados, 1974-1994, 1995)
aborda esta compleja y cambiante
historia. El poema conjunta elementos
dispares en una libre asociación
con grandes ademanes: la caminata
de la poeta bajo los blancos copos de
una tormenta de nieve para devolver
a una amiga su malla negra de baile,
una bandada de estorninos negros
(aves que desalojan a las especies
nativas), un cuervo negro solitario
(un protagonista de la tradición oral
norteamericana nativa), evocado
como “un trazo de tinta en el escenario
del anochecer ante el resplandor
de la nieve”.
Estas impresiones sensoriales
resumen los recuerdos infantiles de
la poeta en Europa y de su maestra
de danza ataviada de negro, y se
amplían en la historia del Nuevo
Mundo. El contacto de Cristóbal
Colón con los norteamericanos nativos
en una playa de arena blanca es
comparado con la blanca tormenta
de nieve de la poeta: “A él le pareció
que veía a los indígenas volando a
través de la blancura, delante del
barco”, y “En el torbellino blanco
plantó una gran cruz”.
Todos estos elementos están
subordinados a la mente inquieta
que los contiene y que se cuestiona
a sí misma sin cesar. Esa mente o
“campo unificado” (un conjunto de
teorías de la física que intentan relacionar
entre sí a todas las fuerzas
del universo) es comparada con la
tormenta de nieve del principio:
Nada es verdad o mentira
por sí mismo: sólo movimiento,
muchas franjas
de movimiento. Filamentos de
caída marcados por las
minúsculas certidumbres de los copos.
Graham enfoca la mente como un
portal de significado y distorsión,
tanto una parte del mundo como un
punto de vista separado. Como en un
montaje cinematográfico, su voz
enlaza juntas visiones y experiencias
dispares, Swarm (Enjambre, 2000)
profundiza la inclinación metafísica
de la autora, su profundidad emocional
y su sentimiento de urgencia.
LA POESÍA DE LA VOZ
En su último extremo, la poesía
del yo destruye el yo cuando
carece de una sensibilidad
que le haga contrapeso. La siguiente
etapa puede ser una poesía de diversas
voces o yo ficticios que rompen
en fragmentos y personajes la idea
monolítica del yo. Los dramáticos
monólogos de Robert Browning son
antecedentes decimonónicos de
esto. El “yo” de ficción se siente
sólido, pero no involucra en realidad
al autor, cuyo yo está siempre fuera
del escenario.
Esta veta de la poesía toma a
menudo personajes de los mitos y de
la cultura popular, ya que suele ver
las relaciones modernas como versiones
nuevas y definidas de pautas
más antiguas. Entre los poetas contemporáneos
de la voz o del monólogo
figuran Brigit Pegeen Kelly,
Alberto Rios y la poeta canadiense
Margaret Atwood.
Lo más común es que la poesía de
la voz esté escrita en primera persona,
pero la tercera persona puede
producir un impacto similar si queda
fuera de toda duda que el punto de
vista es el de los propios personajes,
como en Thomas and Beulah
(Thomas y Beulah) de Rita Dove. En
ese volumen, la autora entreteje la
biografía y la historia para dramatizar
la vida de sus abuelos. Como muchos
afro-estadounidenses de principios
del siglo XX, ellos huyeron de la
pobreza y el racismo que padecían en
el sur rural del país y fueron a trabajar
en el norte urbano. Dove nos presenta
sus humildes vidas con dignidad. El
primer trabajo de Thomas como peón
del tercer turno lo obligó a vivir en una
casucha, compartiendo un colchón
con dos desconocidos. Su trabajo es
“una intensa pena”, pero la música les
levanta el espíritu como lo haría una
hermosa mujer (un presagio de
Beulah, a quien todavía no conoce).
Cuando Thomas canta
él cierra los ojos.
Nunca sabe cuándo vendrá ella
pero cuando la ve partir,
siempre la despide
quitándose el sombrero.
Louise Glück (1943- )
Entre los poetas de la voz, uno de
los más impresionantes es Louise
Glück. Nacida en la ciudad de Nueva
York y nombrada poeta laureada en
2003-2004, creció con un pertinaz sentimiento
de culpa a causa de la muerte
de una hermana nacida antes que
ella. Estudió con los poetas Leonie
Adams y Stanley Kunitz en la Escuela
Superior Sarah Lawrence y en la
Universidad Columbia, y suele atribuir
su supervivencia psíquica al psicoanálisis
y a sus estudios de poesía. En
gran parte de su poesía lamenta pérdidas
trágicas.
Glück ensaya nuevas técnicas en
cada libro, por lo cual es difícil resumir
su obra. En sus primeros tomos, como
The House on Marshland (La casa en el
pantano, 1975) y The Triumph of
Achilles (El triunfo de Aquiles, 1985)
maneja a cierta distancia el material
autobiográfico, pero en obras más
recientes se muestra más directa. En
Meadowlands (Tierras de pradera,
1996) recurre al ingenio cómico y a
referencias a la Odisea para describir
a un matrimonio en aprietos.
En su memorable The Wild Iris (El
lirio silvestre, 1992), flores de diversos
tipos pronuncian breves monólogos
metafísicos. El poema que da
título al libro es una exploración de
la resurrección y podría ser un epígrafe
de la obra de Glück en conjunto.
El lirio silvestre, una hermosa flor
de color azul profundo surgida de un
bulbo que permanece latente todo el
invierno, declara: “Es terrible sobrevivir
/ como una conciencia / sepultada
en la tierra oscura”. Como la
visión de Jorie Graham sobre el yo
fusionado con la tormenta de nieve,
el poema de Glück termina con una
visión del mundo y el yo confundidos,
esta vez en el agua de la vida, azul
sobre azul:
A aquellos que no recuerdan
su paso desde el otro mundo
les digo que puedo hablar de
nuevo: todo
lo que retorna del olvido, lo hace
para encontrar una voz;
del centro de mi vida provino
una gran fuente, sombras
azul profundo sobre el azur del
agua de mar.
Como Graham, Glück funde al yo
dentro del mundo mediante sus fluidas
imágenes de agua. Así como el
agua helada de Graham –la nieve–
recuerda la arena, es decir, la tierra a
la orilla del mar, el agua dulce y azul
de Glück –que simboliza su propio
corazón– se fusiona con el mar salado
del mundo.
LA POESÍA DE LUGAR
Un buen número de poetas –y
aquí no hablamos de grupos,
sino de tendencias nacionales–
halla profunda inspiración en
paisajes específicos. Ejemplos de
esto son las evocaciones líricas del
norte de California por Robert Hass,
los litorales del sur de ese estado y
los recuerdos de surfing de Mark
Jarman, los poemas que Tess
Gallagher ubica en el noroeste del
Pacífico y los poemas de Simon Ortiz
y Jimmy Santiago Baca surgidos de
los paisajes del sudoeste. Cada
subregión ha inspirado poesía: la
esterilidad del alto sur de C.D.
(Carolyn) Wright es muy diferente
del húmedo Golfo de Louisiana de
Yusef Komunyakaa.
La poesía de lugar no se basa en la
descripción del paisaje, sino en el
hecho de que la tierra y su historia
son una fuerza generatriz implícita
en el modo en que la gente vive y
piensa, y esto incluye a los poetas. La
tierra es concebida como lo que D.H.
Lawrence llamó un “espíritu de
lugar”.
Charles Wright (1935- )
Uno de los poetas de lugar más
conmovedores es Charles Wright.
Creció en Tennessee pero es un
sureño cosmopolita. Ha tomado algo
de la poesía de Italia y de la antigua
China, y en su trabajo bullen temas
sureños como la carga de un pasado
trágico, lo cual se percibe en su serie
poética “Appalachian Book of the
Dead” (“Libro apalache de los muertos”),
basado en el antiguo Libro de
los muertos egipcio. Algunas de sus
obras son Country Music: Selected
Early Poems (Música country:
Selección de poemas tempranos,
1982); Chickamauga (1995); y
Negative Blue: Selected Later Poems
(Azul negativo: Poemas tardíos
seleccionados, 2000).
La intensa poesía de Wright ofrece
momentos de conocimiento espiritual
rescatado de los estragos del
tiempo y la circunstancia o, más bien,
construido a partir de ellos. Una torpeza
deliberada –que se advierte en
sus inesperados giros de sabor coloquial y su preferencia
por los versos largos y quebrados, con
números insólitos de sílabas– dota a sus poemas
de una gracia bruñida como la que ostentan los viejos
aperos de labranza desgastados y pulidos por
tantas manos que los han utilizado. Esta cualidad
labrada a mano y a veces irónica nos hace sentir
que los poemas de Wright son contemporáneos y
hace que nunca parezcan pretenciosos.
La disparidad entre la visión trascendente y la
fragilidad humana es la esencia de la visión de
Wright. Él se siente atraído por los grandes temas
–las estrellas, las constelaciones o la historia– por
una parte, y por minúsculos elementos táctiles
–dedos, cabellos– por la otra. Su poema mencionado
en el título, “Chickamauga”, requiere que el
lector esté enterado: Chickamauga, Georgia fue el
escenario de una batalla decisiva de la Guerra Civil
entre el norte y el sur de Estados Unidos los días
19 y 20 de septiembre de 1862. El Sur no logró destruir
al ejército de la Unión (del Norte) y abrió el
camino para la invasión desde las tierras chamuscadas
del Norte hacia el sur a través de Atlanta,
Georgia.
“Chickamauga” puede ser leído como una
meditación sobre el paisaje, pero también es un
lamento elegíaco y el ars poetica del poeta.
Empieza con una sencilla observación: “La paloma
sobrevuela las altas hierbas”. Esta imagen aparentemente
idílica corresponde al momento en que un
cazador dispara; los soldados muertos, jamás mencionados
en el poema, han sido olvidados, segados
como palomas o hierbas. El “maltratado árbol de
magnolia” socava el estereotipo romántico de la
“medianoche y magnolia” de las grandes fincas
agrícolas del Sur antes de la guerra. El poema mezcla
presente y pasado en un poderoso epitafio en
memoria de los mundos y los ideales perdidos.
La paloma sobrevuela la alta hierba.
El postrero fulgor vidrioso
del verano está a la puerta
Sobre los guantes y las puntas partidas del
maltratado árbol de magnolia.
Sonidos de trabajo: bocinazo impaciente de
camión, martillo de estaño sobre madera,
cigarra, sirena de bomberos.
_____
La historia maneja nuestro pasado
como fruta estropeada.
Media mañana, luz de fin de siglo se filtra y
entreteje bajo los árboles de durazno.
Sus dedos nos tocan aquí. Y luego aquí y aquí.
______
El poema es un código sin mensaje:
El objeto de la máscara no es la máscara sino
el rostro que está detrás,
Absoluto, incomunicado,
Sin albergue y peregrino.
_____
La red de pesca de la historia nos arrancará
muy pronto
De las frías aguas de autosatisfacción en las
que vamos a la deriva
Uno por uno
en su luz y su aire sofocantes.
_____
La estructura se trueca en elemento de
creencia, la sintaxis
Y la gramática en un catequista,
Sus palabras son lo que los abalorios dicen,
palabras gastadas para nuestro
descontento.
El poema ve la historia como una invención,
como un “código sin mensaje”. Cada individuo
existe en sí mismo, es imposible conocerlo fuera
de los términos y el tiempo que le son propios, “no
[es] la máscara sino el rostro que está detrás”. La
muerte es inevitable para nosotros como lo fue
para los soldados caídos, el Viejo Sur, y el pez
atrapado. No obstante, la poesía ofrece un consuelo
parcial: Nuestro descontento bien expresado
nos puede redituar un poco de inmortalidad.
LA POESÍA DE LA FAMILIA
Una veta de poesía aún más terrenal ubica al
sujeto poético en la matriz de aquello a lo
cual pertenece: la familia, la comunidad y las
cambiantes tradiciones. Con frecuencia las tradiciones
que entran en juego son étnicas o internacionales.
Pocos poetas exponen sus heridas abiertas y
recurren a la modalidad confesional como Sharon
Olds (1942- ), pero la mayoría de los
poetas contemporáneos escriben
con un afecto que, por muy atribulado
que se presente, no deja de ser
genuino. Stephen Dunn (1939- ) es
un ejemplo ya que, en sus poemas,
las relaciones son un medio de conocimiento.
Algunos poetas proyectan
el respeto a la familia y la comunidad
con un sentimiento de afirmación,
aunque no con una sensibilidad
explícitamente devota. Esta poesía
no es conservadora: a menudo confronta
cambios, pérdidas y luchas
contra los poderes de la tradición
literaria étnica o no occidental.
Lucille Clifton (1936- ) encuentra
solaz en la comunidad negra. Su lenguaje
coloquial y la firmeza de su fe
son una combinación potente. Las
conmovedoras elegías de Agha Shahid
Ali (1949-2001) a su madre toman
elementos de un portentoso cúmulo
de formas poéticas clásicas del
Oriente Medio y entretejen la vida
de esa dama con el sufrimiento de
Cachemira, el país de origen de su
familia.
La estadounidense de origen
malayo y chino Shirley Geok-lin Lim
(1944- ) muestra con vigor el contraste
entre su problemática familia
de Malasia y su nueva familia en
California. La poeta chicana Lorna
Dee Cervantes evoca con crudeza
recuerdos de la vida de su empobrecida
familia en California; Louise
Erdrich hace que unos imprevisibles
y tragicómicos norteamericanos nativos,
miembros de su familia, cobren
auténtica vida.
Li-Young Lee (1957- )
La trágica historia incluye a Li-
Young Lee, cuyo padre nació en
China, fue médico de Mao Tse-tung
por cierto tiempo y más tarde estuvo
preso en Indonesia. Nacido en
Jakarta, Indonesia, Lee compartió la
vida de los refugiados, trasladándose
con su familia a Hong Kong, Macao y
Japón antes de hallar refugio en
Estados Unidos, donde su padre se
convirtió en ministro protestante en
Pennsylvania. Lee fue aclamado por
sus libros Rose (1986) y The City in
Which I Love You (La ciudad donde
te amo, 1990).
Lee es sensual, filial –describe
con tonos conmovedores la decadencia
de su familia y de su padre– y
franco en su compromiso con las
dimensiones espirituales de la poesía.
Su poema más importante,
“Persimmons” (“Caquis”, 1986),
incluido en su libro Rose, evoca su
pasado asiático a través del caqui, un
fruto poco conocido en Estados
Unidos. Flores y frutos son temas
tradicionales del arte y la poesía de
China, pero no son usuales en
Occidente. El poema contiene una
crítica aguda, aunque humorística,
de un maestro de escuela de provincia
que Lee conoció en Estados
Unidos y que se preciaba de ser entendido
en caquis y en idiomas.
En el poema “Irises” (“Lirios”,
1986) perteneciente al mismo volumen,
Lee especula que vamos al
garete en un “sueño de vida” pero,
como el lirio, “despertamos muriendo:
el violeta se torna azul, y luego /
negro, negro”. El poema y su manejo
del color encuentran resonancias en
el lirio silvestre de Glück.
El poema que da título a The City
in Which I Love You anuncia el afirmativo
ingreso de Lee en una comunidad
poética más vasta. Termina así:
mi lugar de nacimiento desapareció,
mi ciudadanía la he ganado,
confabulado con las piedras de
la tierra,
entro, sin retirada ni ayuda de
la historia,
los días de ningún día, mi tierra
de ninguna tierra, entro de nuevo
a la ciudad donde te amo.
Y nunca creí que la multitud
de sueños y las muchas palabras
fueran vanos.
LA POESÍA DE LO HERMOSO
Otra corriente de poesía intensamente
lírica, impulsada
por imágenes, exalta la belleza
a pesar de la vida moderna, o en
medio de ella, con todo el sufrimiento
y la confusión que ésta implica.
Aquí podríamos incluir a muchos
poetas –Joy Harjo (1951- ), Sandra
McPherson (1943- ), Henri Cole
(1965- )– porque esos tipos de poesía
se traslapan y no se excluyen
entre sí.
Algunos de los mejores poetas
contemporáneos no usan las imágenes
como decoración, sino para
explorar nuevos temas y terrenos.
Harjo imagina caballos como una
forma de recuperar su tradición nativa
estadounidense, mientras que
McPherson y Cole crean imágenes
que parecen cobrar vida.
Mark Doty (l953- )
Desde fines de la década de 1980,
Mark Doty ha publicado ágiles y
bellas meditaciones poéticas sobre
el arte y las relaciones (con amantes,
amigos y gran variedad de comunidades).
Sus imágenes vívidas,
exactas y sensoriales tienen a menudo
un dejo de conocimiento, sentimiento
y extensión. Doty nos hace
sentir por medio de imágenes nuestro
parentesco con los animales, los
extraños y el trabajo de creación
artística, que para él implica una
cierta manera de mirar.
Es posible disfrutar la obra de
Doty siguiendo la evolución de sus
ideas de comunidad. En “A Little
Rabbit Dead in the Grass” (“Un
conejito muerto en la hierba” de
Source (Fuente, 2001), un conejo
muerto da lugar a una meditación
filosófica. Ese conejo en particular,
lo mismo que un poema, es importante
en sí mismo y como texto, un
“objeto confeccionado con arte” en
cuya frente “algún rastro / de pensamiento
parece estar escrito”. El
siguiente poema de Source, “Fish R
Us” (“Nuestra pecera”), compara la
comunidad humana con un grupo de
peces en la pecera de una tienda de
mascotas, “cada alevín / es como del
tamaño de esta línea”. Igual que la
gente o las ideas, el pez ansía la
libertad: “Quieren nadar hacia adelante”,
pero por el momento sólo
“pululan en su globo de oro”. La sensación
de un vínculo orgánico compartido
con otros se transmite en
todo el volumen. El tercer poema,
“At the Gym” (“En el gimnasio”),
visualiza la huella de frentes sudorosas
en el equipo para hacer ejercicio
como “una aureola / que los vivos
hicieron juntos”.
Doty encuentra en Walt Whitman
un guía personal y poético. Doty ha
escrito también páginas memorables
sobre la trágica epidemia del
SIDA. Algunas de sus obras son My
Alexandria (Mi Alejandría, 1993),
Atlantis (1995) y sus vívidas memorias
Firebird (Pájaro de fuego, 1999).
Still Life With Oysters and Lemon
(Naturaleza muerta con ostras y
limón, 2001) es una colección
reciente.
Los poemas de Doty son a la vez
reflexivos (con referencias a sí mismos
como arte) y dúctiles hacia el
mundo exterior. Él ve al cuerpo
imperfecto, aunque vital, sobre todo
la piel, como el margen –una especie
de texto– donde lo interno y lo externo
se reúnen, como en su poema
corto tomado también de Source
sobre la idea de hacerse tatuar, “To
the Engraver of My Skin” (“Al grabador
de mi piel”).
Entiendo que el pacto es mortal,
accedo a portar su permanencia.
Lo contrato con limitaciones;
le digo
no y no, luego digo sí y firmo
–aquí, sobre la línea punteada–
para todo lo que venga, lo hago:
nuestro tiempo,
nuestro perfil, el relleno de
nuestros detalles
(la densidad es siempre lo que
lastima,
no el diseño original). Aquí estoy
para revisión, decoloración; aquí
para desvanecer
y durar, azul imborrable.
¡Escribe en mí!
Esta tinta dura más que yo.
LA POESÍA DEL ESPÍRITU
Un enfoque espiritual permea
otra veta de la poesía estadounidense
contemporánea. En
estas obras, la relación más profunda
es la que existe entre el individuo
y una esencia intemporal más allá de
la belleza artística, aunque vinculada
con ella. Entre los poetas de más
edad que anunciaron una conciencia
espiritual figuran Gary Snyder, que
ayudó a introducir el zen en la poesía
estadounidense, y el poeta y traductor
Robert Bly, que trajo a la poesía
de este país el conocimiento del
surrealismo latinoamericano. En
tiempos recientes, Coleman Barks
ha traducido muchos libros de Rumi,
el poeta místico del siglo XIII.
Arthur Sze (1950- ), de quien se
dice que es poseedor de una sensibilidad
tipo zen, está espiritualmente
a tono con los poetas contemporáneos
de este país. En sus poemas hace
observaciones literales y aparentemente
simples que son también
meditaciones, como se aprecia en
estas líneas de “Throwing Salt on a
Path” (“Sal arrojada en un sendero”,
1987): “Ahumando camarones en una
fogata. ¡Ah!, / la luz de una estrella
nunca para, sólo viaja”. Paleando
nieve, comenta: “La sal ya despeja un
sendero en la nieve, expande los
bordes del universo”.
Jane Hirshfield (l953- )
Aunque Jane Hirshfield casi no
hace referencias explícitas al budismo
en sus poemas, éstos respiran el
espíritu de los muchos años de
meditación zen de la autora y sus traducciones
de la antigua poesía cortesana
de dos autoras japonesas, Ono
no Komachi e Izumi Shikibu. Hirshfield
compiló una antología, Women
in Praise of the Sacred: 43 Centuries
of Spiritual Poetry by Women
(Mujeres que elogian lo sagrado: 43
siglos de poesía espiritual de mujeres,
1994).
La poesía de Hirshfield manifiesta
lo que ella llama “la mentalidad de lo
indirecto” en su libro sobre la creación
poética, Nine Gates: Entering the
Mind of Poetry (Nueve puertas: acceso
a la mentalidad poética, 1997). En
esta orientación hay elementos
tomados del respeto a la naturaleza,
una clara economía de lenguaje y un
sentimiento budista de impermanencia.
Su propia “poesía de lo indirecto”
se basa en matices, asociaciones
(que a menudo aluden a las estaciones
y el clima, donde evoca paisajes
y ambientes del mundo) e imágenes
de la naturaleza.
El poema de Hirshfield “Mule
Heart” (Corazón de mula) de su
colección de poesía The Lives of the
Heart (Las vidas del corazón, 1997),
hace una vívida evocación de una
mula sin mencionarla siquiera. Para
escribir este poema, al cual ella
misma consideró como una especie
de receta para sobrevivir en tiempos
difíciles, Hirshfield se basó en sus
recuerdos de una mula que solía llevar
grandes cargas por las empinadas
colinas de la isla griega de
Santorini. El poema invita al lector a
tener entereza. Esta humilde mula
tiene su propia belleza (los cascabeles
de las bridas) y fortaleza.
En esos días que el descanso
te ha defraudado,
deja que esto sea tu reposo:
moscas, polvo, un hedor
innombrable,
los dos canastos que esperan:
uno para los limones y la pasión,
el otro para todo lo que has
perdido.
Ambos vacíos,
ella se acercará a tu hombro,
respirará lentamente contra
tu brazo desnudo.
si le ofreces heno, lo comerá.
Si nada le ofreces,
se quedará de pie todo el tiempo
que quieras.
Los cascabeles de la brida
colgarán
junto a ti en silencio,
en el calor y en la precaria sombra
del árbol.
Que no te engañe su escasa crin,
ni el modo en que gira su oreja
izquierda hacia sus sueños.
También esto es un regalo de los
dioses,
silente y completo.
LA POESÍA DE LA NATURALEZA
El Nuevo Mundo atrajo la atención
de la gente en la época
revolucionaria, al final del
siglo XVIII, cuando Philip Freneau se
propuso exaltar la flora y la fauna
nativas del subcontinente en un
intento de forjar una identidad norteamericana.
El trascendentalismo y el
agrarismo se enfocaron en la relación
con la naturaleza en este país en
el siglo XIX y a principios del XX.
Hoy las preocupaciones ambientales
se reflejan en una corriente
poderosa de poesía estadounidense
orientada hacia la ecología. El finado
A. R. Ammons fue uno de sus progenitores
recientes, y varios poetas
norteamericanos nativos, como el
desaparecido James Welch y Leslie
Marmon Silko, nunca dejaron de sentir
veneración por la naturaleza.
Algunos de los poetas contemporáneos
arraigados en una visión de la
naturaleza son Pattiann Rogers
(1940- ) y Maxine Kumin (1925- ).
Rogers nos muestra con claridad la
historia natural, mientras Kumin
escribe con sentimiento sobre su
vida personal en una granja y su labor
como criadora de caballos.
Mary Oliver (1935- )
Una de las más aclamadas poetas
de la naturaleza es Mary Oliver. En su
asombrosa y accesible poesía, ella
evoca con intensidad visionaria plantas
y animales. Oliver nació en Ohio,
pero vive en Nueva Inglaterra desde
hace años y sus poemas, como los de
Robert Frost, se basan en la diversidad
del paisaje y el curso de las estaciones.
Oliver encuentra significado
en el contacto con la naturaleza,
siguiendo la tradición trascendentalista
de Henry David Thoreau y Ralph
Waldo Emerson, y su trabajo tiene
una vigorosa dimensión ética. Algunas
obras de Oliver son: American
Primitive (Primitivo estadounidense,
1983), New and Selected Poems
(Poemas nuevos y seleccionados,
1992), White Pine (Pino blanco, 1994),
Blue Pastures (Pastos azules, 1995) y los ensayos de
The Leaf and the Cloud (La hoja y la nube, 2000).
Para Oliver ningún hecho de la naturaleza es tan
humilde que no pueda aportar conocimientos o lo
que Emerson llamó “datos espirituales”, como él
mismo lo expresa en su poema “The Black Snake”
(“La serpiente negra”, 1979). Lo narra la conductora
de un automóvil que al ser testigo de la muerte
de la serpiente, se detiene y retira del camino
el cuerpo del animal en señal de respeto.
Considera que la serpiente, a menudo vilipendiada
por sus asociaciones negativas con el libro
bíblico del Génesis y con la muerte, es un “hermano
muerto” y se detiene a apreciar su reluciente
belleza. La serpiente la hace aprender algo
sobre su propia muerte, pero también sobre un
nuevo génesis y acerca de las delicias de la vida;
por eso al reanudar su viaje reflexiona sobre “la
luz en el centro de cada célula” e incita a todas las
criaturas vivas a “lanzarse al frente / alegremente
toda la primavera”... sin saber nunca dónde hallaremos
nuestro fin. Este carpe diem es una invitación
a asumir una conciencia de celebración más
hondamente arraigada.
Cuando la negra serpiente
pasaba rauda el camino matinal
y el camión no pudo virar...
llegó la muerte, pues así sucede.
Ahora yace enroscada e inútil
como un viejo neumático de bicicleta.
Yo detengo el auto
y la deposito entre los arbustos.
Está tan fría y brillante
como un látigo trenzado, y es tan hermosa y
callada
como un hermano muerto.
La dejo bajo las hojas
y reanudo la marcha, pensando en la muerte
intempestiva, su peso terrible y su arribo
inexorable. Y no obstante, bajo la razón
arde un fuego más brillante, que los huesos
siempre han preferido.
Es la historia de la interminable fortuna.
Y le dice al olvido: ¡yo no!
Es la luz en el centro de cada célula.
Ella indujo a la serpiente a lanzarse al frente
alegremente toda la primavera entre las hojas
verdes, antes
de llegar a la carretera.
En sus poemas, Oliver encuentra innumerables
formas de celebrar el hecho simple, pero trascendental,
de estar vivos. En “Hummingbird Pauses at
the Trumpet Vine” (“El colibrí se detiene en la
enredadera de campánulas”, 1992), nos recuerda
que casi toda la existencia consiste en “esperar o
recordar”, porque la mayor parte del tiempo del
mundo “no estamos aquí, / no hemos nacido aún o
ya morimos”. Una intensidad que recuerda la del
finado poeta James Wright arde en muchos poemas
de Oliver, como en “Poppies” (“Amapolas”,
1991-1992). Este poema empieza con una descripción
de los “fulgores anaranjados; balanceándose /
al viento, cuando se congregan son una levitación”.
Y termina con una provocación a la muerte: “¿Qué
puedes hacer / para evitarlo... profunda noche
azul?”.
LA POESÍA DEL INGENIO
En el espectro que abarca desde la poesía del
yo hasta la del mundo, la poesía del ingenio
–que incluye el humorismo, el gusto por lo
incongruente y los vuelos de la fantasía– está más
cerca de la poesía del mundo. La del ingenio
depende de la intersección de dos o más marcos
de referencia y de un agudo discernimiento; es una
poesía mundana.
La poesía del ingenio encuentra la ocasión poética
en la vida diaria, dotándola de un tono humorístico,
surrealista o alegórico. De ordinario, el lenguaje
es coloquial, con lo cual las situaciones fantásticas
tienen la fuerza de la realidad. Los maestros
veteranos de esta modalidad son Charles
Simic y Mark Strand; entre los poetas jóvenes que
practican este género figuran Stephen Dobyns y
Mark Halliday.
El lenguaje de todos los días, el humor, la acción
sorpresiva y la exageración de esta poesía la hacen
casi siempre accesible, aunque las mejores obras
de este tipo sólo revelan sus secretos al ser leídas
repetidas veces.
Billy Collins (1941- )
El más influyente de los poetas
actuales del ingenio es Billy Collins.
Este autor fue el poeta estadounidense
laureado en 2001-2003, y su
obra es refrescante y estimulante,
como lo fue la de Frank O’Hara en la
generación anterior. Igual que
O’Hara, Collins usa el lenguaje cotidiano
para registrar multiplicidad de
detalles de la vida diaria, mezclando
con libertad los eventos habituales
(comer, las labores de costumbre,
escribir) con referencias culturales.
Su humorismo y originalidad le han
atraído un numeroso público. Aunque
algunos han acusado a Collins de
ser demasiado accesible, los impredecibles
vuelos de su fantasía se
abren al misterio.
Collins cultiva una forma domesticada
de surrealismo. Sus mejores
poemas, demasiado largos para reproducirlos
aquí, proyectan de inmediato
la imaginación a lo alto de una
escala de situaciones cada vez más
surrealistas y al final ofrece un aterrizaje
emocional, un estado de
ánimo en el que podemos reposar,
aunque sólo sea temporalmente,
como una modulación final en la
música. El poema corto “The Dead”
(“Los muertos”) de Sailing Alone
Around the Room: New and Selected
Poems (Navegación solitaria alrededor
de la habitación: Poemas nuevos
y seleccionados, 2001), nos da una
idea del vuelo imaginativo de Collins
y su suave descenso como el de un
ave que busca el reposo.
Los muertos siempre se asoman a
mirarnos, según dicen,
cuando nos ponemos los zapatos o
preparamos un sándwich,
nos miran desde botes con fondo
de cristal, allá en el cielo,
en su lento bogar por la eternidad.
Nos ven la coronilla cuando nos
movemos acá en la Tierra
y cuando nos recostamos en el
campo o en un diván,
drogados tal vez por el zumbido de
una tarde calurosa,
los muertos creen que nosotros
también los miramos a ellos,
por lo cual levantan sus remos y se
quedan en silencio
esperando, como padres atentos,
que nosotros cerremos los ojos.
LA POESÍA DE LA HISTORIA
La poesía que se inspira en la
historia es en ciertos aspectos
la más difícil y ambiciosa
de todas. En esta vena, los poetas se
aventuran a entrar al mundo con un
“yo” en minúsculas, abiertos a todo
lo que los ha formado. Estos poetas
depositan su fe en la experiencia.
Un poeta de más edad que trabaja
en esta modalidad es Michael S.
Harper, quien entrelaza la historia
afro-estadounidense con las experiencias
de su familia, en una especie
de montaje. Así mismo, Frank
Bidart ha fusionado su vida personal
con eventos políticos como el asesinato
del presidente de Estados
Unidos, John F. Kennedy. Ed Hirsch,
Gjertrud Schnackenberg y Rita Dove
impregnan algunos de sus mejores
poemas con recuerdos igualmente
irreductibles de su pasado personal
y se centran en instantes decisivos.
Robert Pinsky (1940- )
Entre los más consumados poetas
de la historia figura Robert Pinsky.
Como el poeta estadounidense laureado
de 1997 a 2000, Pinsky vincula
el habla coloquial con el virtuosismo
técnico. Aun cuando es persistentemente
local y personal, sus poemas
abarcan contextos históricos y nacionales. Como
las obras de Elizabeth Bishop, su
poesía convencional maneja con arte sutil lo que al
parecer no es artístico.
El influyente libro de crítica de Pinsky, The
Situation of Poetry (La situación de la poesía,
1976), recomienda una poesía que posea las virtudes
de la prosa, recomendación que él aplicó en un
poema que tiene la extensión de un libro y se titula
An Explanation of America (Una explicación de
Estados Unidos, 1979) y en History of My Heart (La
historia de mi corazón, 1984), aunque en libros más
recientes, como The Want Bone (El hueso de los
deseos, 1990), desata un lirismo que también se
aprecia en su impresionante colección de poemas
titulada The Figured Wheel (La rueda figurada,
1996).
El poema que da título a The Figured Wheel es
una de las mejores obras de Pinsky, pero resulta
difícil de extractar. El breve poema “The Want
Bone”, que le fue sugerido por la quijada de un
tiburón que un amigo colocó sobre la repisa de la
chimenea, exhibe la brillantez técnica de Pinsky
(rimas internas como “dúctil sonrisa”, rimas sesgadas
como en “fijas” y “regocijos” y polisílabos
que percuten levemente contra una línea yámbica
firme como un tambor). El poema se inicia con la
descripción del tiburón como la “lengua de las
olas” y termina con su canto –desde el reino de los
muertos– un peán de interminable deseo. El ego o
el yo puede ser criticado aquí: es un apetito sin
sentido, una O o quizá un cero, y su insatisfacción,
una ilusión sin esperanza.
La lengua de las olas tañía la campana de la tierra,
Rizos azules se empapaban en el fuego del azul.
La quijada seca de un tiburón en el tórrido
pantano,
Boquiabierta, sin nada más que arena por doquier.
El hueso no tenía sabor ni olor alguno,
Arpa calcinada, sin dientes, mellas o ataduras.
Los arcos unidos tienen la forma del nacimiento y
el anhelo
Y la boca abierta, soldada, simula la letra O.
Cuerdas osificadas mantienen las comisuras fijas
En espirales con aristas plegadas como un
vestido de verano.
Mas ¿dónde estaba la sonrisa dúctil, el tajo de
regocijo?
Bocas infinitesimales la carcomieron,
La playa lo restregó, grabó, encurtió y dejó limpio.
Pero aún canta ¡Oh te amo, mi pequeña,
mi rincón,
Mi alimento, mi padre, mi hijo, quiero lo mío
Mi flor, mi aleta, mi vida, mi ligereza, mi O!
LA POESÍA DEL MUNDO
En el otro extremo lejano del espectro poético
está la poesía del mundo, presidida por el
espíritu de Elizabeth Bishop. Es una poesía
deprimente o paria que en la primera lectura parece
antipoética; puede parecer demasiado prosaica,
demasiado atrapada en simples incidentes e incapaz
de trascender. La exposición dubitativa es lo
contrario de la que se hace en tono de oráculo, y al
principio el tema parece perderse o ser sólo descriptivo.
Sin embargo, las mejores páginas de esta
poesía penetran perspectivas múltiples, cuestionan
la idea misma de identidad personal y entienden
el sufrimiento desde una perspectiva ética.
Los poetas de más edad que escriben de este
modo son Richard Hugo, Gwendolyn Brooks y Phil
Levine. Las voces contemporáneas como Ellen
Bryant Voigt y Yusef Komunyakaa revelan la influencia
de su visión casi naturalista y son arrastradas a
la violencia y su sombra de largo alcance.
Yusef Komunyakaa (1947- )
Yusef Komunyakaa, cuyo nombre original era
James Willie Brown, Jr., creció en Louisiana y, en
cuanto terminó sus estudios de secundaria prestó
servicio en Vietnam, donde se hizo acreedor a una
estrella de bronce. Fue reportero del periódico
militar Southern Cross y ha escrito poemas vívidos
enmarcados en la guerra. Con frecuencia tiene un
elemento de suspenso, peligro y emboscada, como
en “Camouflaging the Chimera” (“El camuflaje de
la quimera”, 1988). Komunyakaa ha dicho que es
necesario que la poesía encierre una “serie de
sorpresas”. Como el poeta Michael S. Harper, él
usa a menudo los métodos del jazz y ha escrito que
la poesía necesita la improvisación libre y abrirse a
otras voces, como lo hacen los músicos en las “jam
sessions” (sesiones de improvisación). Él es uno
de los compiladores de The Jazz
Poetry Anthology (Antología de la
poesía del jazz, 1991, 1996) y publicó
un volumen de ensayos titulado
Blue Notes (Notas azules, 2000),
pero fue reconocido por primera
vez con Neon Vernacular (Neón
vernáculo, 1993).
Uno de los temas perdurables de
Komunyakaa es la identidad. Su
poema “Facing It” (“Hay que encararlo”,
1988), mostrado en el Monumento
Conmemorativo a los Veteranos
de Vietnam en Washington,
D.C., comienza con un riff (ostinato
típico del jazz) en el que su propio
rostro se funde con recuerdos y
reflejos de otros rostros:
Mi negro rostro se desvanece,
se esconde dentro del negro
granito.
Dije que yo no lo haría,
maldición: Sin lágrimas.
Soy piedra. Soy carne.
Mi nublado reflejo me mira
como un ave de presa, el perfil de
la noche
inclinado contra la mañana. Giro
así. La piedra me libera.
Giro así. Ya estoy adentro
del Monumento a la Memoria de
los Veteranos de Vietnam
otra vez, y dependo de la luz
para que haya percepción.
Recorro los 58,022 nombres,
casi esperando encontrar
el mío en letras como humo.
Toco el nombre de Andrew
Johnson;
veo el fogonazo blanco de la
trampa explosiva.
Los nombres brillan sobre la blusa
de una mujer,
pero cuando ella se aleja
los nombres se quedan en el
muro.
Las pinceladas destellan, las alas
de un
pájaro rojo abren tajos en mi
visión.
El cielo. Un avión en el cielo.
La imagen blanca de un veterano
flota
cerca de mí, luego sus pálidos ojos
miran a través de los míos. Soy una
ventana.
Él perdió el brazo derecho
dentro de la piedra. En el espejo
negro
una mujer intenta borrar nombres:
No, le cepilla el pelo a un
muchacho.
CIBERPOESÍA
En el otro extremo del espectro
poético, la ciberpoesía es
una nueva poesía mundana.
Para muchos adultos jóvenes estadounidenses
el libro es un artículo
secundario frente al monitor de la
computadora, y la lectura de un lenguaje
humano hablado sólo viene
después de la exposición a códigos
binarios.
La literatura basada en la computación
empezó a cobrar forma a principios
de la década de 1990; con el
advenimiento de la World Wide Web,
una parte de la poesía experimental
ha reorientado su atención hacia un
ámbito virtual globalizado que prescinde
del papel.
Algunos de los motivos recurrentes
en la ciberpoesía son críticas
autorreflexivas al trabajo impulsado
por la tecnología; los iconos informáticos,
las gráficas y los vínculos de
hipertexto adornan vastas redes de
relaciones, y varias capas dimensionales
–animación, sonido, textos e
hipervínculos– proliferan en muchas
direcciones, creadas a veces por
autores múltiples y desconocidos.
Los medios para divulgar esos trabajos
van y vienen; algunos de ellos
fueron las revistas de poesía en CD-ROM The Little Magazine, Cyberpoetry, Java
Poetry, New River, Parallel y muchas otras. Writing
From the New Coast: Technique (Escritos desde la
nueva costa: técnica, 1993), la influyente compilación
de declaraciones poéticas acompañadas de
una colección de poemas reunidos por Juliana
Spahr y Peter Gizzi, ayudó a catalizar la poesía
experimental en la era electrónica. Allí se exalta la
irreducible multiplicidad y la primacía del contexto
histórico, impugnando las ideas mismas de identidad
y universalidad como represivas invenciones
burguesas.
Jorie Graham y otros poetas experimentales del
yo han llegado a puntos de vista similares, aunque
vienen de direcciones opuestas. En forma definitiva
o contingente, los poemas existen en la intersección
entre la palabra y el mundo.